¿Alguna vez se han cuestionado porqué cuando piden una “Coca” les quieren dar una Pepsi? Cuando esto pasa en una tienda, algunas personas la toman, otras especifican que querían Coca Cola y no Pepsi, pero el caso es que seguramente ya les ha tocado que el de la tienda les tiende una Pepsi como si fuera una Coca Cola, como si Coca-Cola fuera significado de refresco de cola, y no una marca específica del tipo de producto.

Bueno, pues en mercadotecnia,  a eso se le llama posicionamiento, y, hasta cierto punto, es lo que todo dueño de un negocio o producto debe esperar y debería esforzarse por lograr.

Lo mismo pasa con los Kleenex, las Post-It y las Aspirinas. La gente las pide como si ese fuera el nombre del producto. Olvidan que existen muchas marcas de pañuelos desechables, notas autoadhesivas y ácido acetilsalicílico. En su mente, Kleenex significa pañuelos desechables. Inclusive a veces, cuando alguien más hace la lista de compras, tachan en ella la palabra Kleenex y se llevan alguna otra marca como si fuera lo mismo. A esto último me refería con “hasta cierto punto”. Me explicaré.

Esta semana regresamos a un tema sobre marketing. Sé que a muchos puede no interesales el tema y que a muchos que debe interesarle no le pondrán la atención que requiere, pero como ya he mencionado, escribo para esos pocos lectores (y lectoras, como diría Fox) que quieren comprender más sobre como decidimos a la hora de comprar y para esos dueños de negocios con algo de visión que desean hacer las cosas como se hacen en la actualidad y no como se hacían en los años 20 del siglo pasado.

Allá en los años 70´s
La palabra posicionamiento se atribuye a los fundadores de una agencia de mercadotecnia ya extinta  que se llamaba Ries & Trout. Como no es de extrañar, los fundadores se llaman Al Ries y Jack Trout. A principios de los 70´s se dieron cuenta que la mercadotecnia ya no podía basarse en publicitar y desarrollar productos con las frases “Nuevo y Mejorado” o “Plus y Extra”. El mercado ya no se las creía o simplemente no sacaba nada de ver eso en un producto o servicio anunciado como nuevoen el mercado. Simplemente existían ya demasiados productos “Me Too” (o sea, “Yo también”), y todos decían lo mismo.

La marcadotecnia (en pocas palabras el proceso de desarrollar, distribuir y publicitar productos y servicios) ya no podía basarse en el producto o en la distribución del mismo. Con el avance de la tecnología eso ya lo conseguía casi cualquier empresa de la competencia. Y ya existían muchas.

Así que Ries y Trout se dedicaron a analizar una manera nueva de hacer marketing: basarse en lo que el mercado tenía en la mente y cómo pensaba sobre los productos. Y se dieron cuenta de que la mente de las personas rara vez podía cambiar. Como ya deberían saber muchos, las ideas que ya se han arraigado en la mente, difícilmente pueden ser cambiadas por lo que se les trate de inculcar después. ¿No les recuerda eso a los niños berrinchudos a los que después de malacostumbrarlos luego sus padres quieren educar mejor? O peor aún, que quieren que en la escuela los eduquen despues de que en casa los malacostumbran.

En marketing es lo mismo
El caso es que en el mundo de los productos y servicios pasa lo mismo. La mente de los consumidores se define pronto y luego es muy difícil que otro producto pueda reemplazar al que ya ha llegado a la mente. No es imposible, claro, pero como decía Clavillazo, ahí está el detalle. Para poder lograr entrar en la mente del mercado es necesario tomar en cuenta el hecho de que cambiarle la manera de pensar es casi imposible, y se debe actuar en consecuencia.

Los detalles de las técnicas obviamente sería demasiado para este artículo y para los lectores generales del mismo. Pero en resumidas cuentas, existen una serie de leyes que deben seguirse para encontrar la mejor manera de lograr apoderarse de un espacio en la mente de los consumidores, o como se dice en marketing, una posición en la escalera. De ahí el nombre posicionamiento.

La escalera de la mente
Para ilustrar lo que explico con un ejemplo, hagan el siguiente experimento con cualquier persona o consigo mismos: pregunten y pidan que les respondan lo más rápido posible una pregunta cómo ¿Cuántas marcas de cigarros conoces? ¿Cuántas marcas de autos? ¿Cuántas marcas de celulares?

No soy adivino (los psíquicos no existen, después de todo), pero puedo asegurarles que en la mayoría de los casos les responderán solo con 4 o 5 marcas rápidamente, pocos llegarán a 6 y quienes lleguen a 7 será porque son entusiastas de la categoría de producto que le pregunten, es decir, serán personas que o son fumadores, o le gustan mucho los carros o les gusta mucho la tecnología de telefonía móvil. Eso sí, casi nadie les dirá más de 7 marcas de cualquier categoría que pregunten, sea experto en el tema o no. ¿Por qué?

Porque, una de las leyes que hay que tomar en cuenta es que una persona promedio no puede mantener más de 7 marcas de productos en su memoria. Y no solo marcas sino cualquier cosa. Al parecer, y por razones que luego explicaré en otra edición, al cerebro humano se le hace difícil manejar más de 7 categorías de lo que sea. Y para lograr el posicionamiento, hay que tratar de estar en los primeros peldaños de la escalera de 7.

En el siguiente tema sobre marketing, trataré sobre la mal comprendida y mal aplicada Segmentación de Mercados. Y esta vez será aparte personal (y eso que no soy John McClaine). ¿Por qué? Porque por ahí me he dado cuenta de que existen editores que no comprenden lo que la segmentación de mercados es, y piensan que Códice (la publicacion impresa de la cual soy Director Editorial) es su competencia. De hecho sé que no comprenden ni lo que es un  mercado, pero pues comenzaremos a educarlos con algo.

Pero recuerden que, como dice la famosa máxima zen: “Si comprendes, las cosas son como son. Y si no comprendes, las cosas son como son .”

Espiral del tiempoDespués de algunas semanas de descanso, este blog vuelve con un tema un tanto filosófico, aunque basada en teorías científicas. Y es que durante unas cortas vacaciones (cortas ya que en mi opinión si no son de al menos 15 días no son vacaciones), tuve tiempo para meditar y estructurar este articulo donde expongo brevemente porque, a pesar de que la vida como la conocemos no es algo tan especial como a la mayoría le gusta suponer, desde cierto punto mucho más interesante nuestra existencia es más especial de lo que normalmente podríamos pensar que es.

Si, suena un tanto paradójico, pero eso es lo que intentaré explicar sin muchos términos técnicos o sin necesidad de que los lectores de esta sección tengan que haber leído a Richard Dawkins,  Nassim Nicholas Taleb o Carl Sagan.

Como ya mencioné anteriormente en esta sección, el 2009 fue la celebración de los 200 años del natalicio de Charles Darwin y de los 150 años de la publicación de El Origen de Las Especies, el libro donde Darwin estructuró lo que hoy conocemos como la Teoría de la Evolución: el proceso por el cual toda la vida en la tierra fue haciéndose más y más compleja desde sus inicios, y el proceso por el cual las especies se encuentram en constante cambio para adaptarse a su ambiente y poder heredar sus características a la siguiente generación. Y, aunque innumerables personas la han inclusive demonizado, la teoría de la Evolución explica y comprueba cada día cómo es que la vida, y nosotros incluidos, existimos sin necesidad de un “gran plan” o de ayuda sobrenatural.

Así, la evolución es un proceso con ningún objetivo en específico. No es un proceso que exista para llevar específicamente al desarrollo de una especie en particular. Mucho menos específicamente a nosotros los humanos. A muchas personas que intentan mezclar el concepto de selección natural con el concepto antropocéntrico (es decir, centrado en la humanidad) les gusta afirmar que el propósito final de la evolución de la vida es tener como resultado una especie “compleja” y específicamente tener como resultado a la especie humana. Nada más alejado de la realidad.

Esta visión sin objetivo de la humanidad en particular y de la vida en general puede, desde cierto punto de vista, demeritar nuestra presencia en este planeta. Puede hacer pensar a algunos que en ese caso nada es especial, y bien y podríamos dejar de preocuparnos por existir. Sin ningún “gran plan” muchos pueden desilusionarse de la vida. Sin embargo, somos especiales.

Para comprender este punto más fácilmente solo hace falta mencionar un simple hecho científico cuantificable: si regresáramos la cinta de la evolución de la vida en la tierra y la tocáramos una y otra vez, la probabilidad de que nosotros (como especie humana) fuéramos el resultado de cualquiera de esas reproducciones es infinitesimal. En pocas palabras, somos real y sorprendentemente afortunados. De las miles de millones de posibilidades de especies “complejas” que pudieron haber evolucionado después de los miles de millones de años de vida en la Tierra, nosotros somos la especie “inteligente” actual.

Se estima que por cada especie que existe hoy en el planeta, al menos 100 se han extinguido en el curso de los millones de anos de la vida en la Tierra. No es necesario sacar cuentas muy complejas para darnos cuenta de que la probabilidad de que existamos es casi infinitamente pequeña. Eso sí, en promedio las especies se extinguen cada 2 millones de anos, así que debemos aprovechar esa suerte mientras podamos.

Y no ahondaré en la razón cosmológica de nuestra gran suerte de existir. No lo considero necesario y de cualquier forma no tengo el suficiente espacio en esta sección; eso lo dejare para otra edición. El caso es que el hecho de que nuestra especie haya sido la afortunada de haber evolucionado y de estar aquí no es la única razón para apreciar el existir. Pero explicarles la razón cosmológica implicaría sumergirnos en algo de física cuántica y astrofísica que muchos pueden llegar a sentir algo, por decirlo así, denso.

Pero para buscar otra razón para comprender la gran suerte de que nos haya tocado vivir hoy, no tenemos que ir muy lejos en el tiempo hasta el origen del universo. Estudios e investigaciones siguieren que hace 75,000 años la humanidad se enfrentó a la extinción de la especie. Dichos estudios sugieren, con evidencias fehacientes, que los más de 6 mil millones de personas que hoy poblamos la Tierra somos descendientes de alrededor de solamente 10 mil humanos que sobrevivieron a la erupción del supervolcan Toba en el pacifico asiático, que causo efectos dañinos para la vida humana en todo el planeta.

Así que, si nos gusta pensar que somos especiales, no debería ser por razones metafísicas, religiosas o egocentristas. La verdad es que la única razón por la que debemos sentirnos especiales es porque simple y sencillamente hemos sido afortunados. Increíblemente afortunados. Por ahora.

Alguien por ahí dijo una vez que la probabilidad de que existamos hoy se puede comparar al de un jugador de ruleta rusa que de pura suerte ha sobrevivido varios rounds apuntándose en la sien con una revolver de 9 tiros con una sola bala faltante. Quienes sabemos esto podemos decir que ya es hora de que dejemos de jugar a la ruleta rusa y dejar de depender tanto de la suerte.

Lamentablemente la gran mayoría no lo saben aun, y siguen y seguirán utilizando el mismo método. O a la mejor, más que lamentablemente afortunadamente. Ya lo dirá la evolución dentro de algunos miles o quizás solo cientos de años. O quizás para el 2012. No se crean esta última, solo estoy siendo sarcástico.

2012Creo que ya deben haber calculado que no soy seguidor de reducir el conocimiento a pequeñas anécdotas. Sin embargo,  para explicar el punto de esta edición, no pude evitar comenzar contando una pequeña historia.

Parece tan distante ese año de 1999. Bil Clinton sobrevivía a su escándalo, el 11 de Septiembre era solamente una fecha como cualquier otra, Zedillo era solamente otro presidente priísta más, y muchos fanáticos del la música pop adoraban a una joven cantante llamada Britney Spears.

Puede que muchos recuerden eso. Pero lo que la mayoría ya olvidó, a solamente poco más de 10 años, es que en esos tiempos había un temor particular en el aire: el problema del Año 2000 (Y2K): el problema de la inhabilidad de las computadoras para leer fechas más allá de 1999, convirtiendo el 1 de enero del 2000 en una pesadilla de proporciones bíblicas.

Según esta (ahora nos parece) alocada teoría, los aviones se caerían del cielo, el mercado de valores colapsaría, las redes eléctricas y los sistemas de agua y teléfono dejarían de funcionar y las plantas de energía nuclear se convertirían en Chernobil 2.0. Los ahorros de los pensionados serían inaccesibles o se borrarían, una cascada de colapsos en las comunicaciones y el comercio crearía escases de alimentos y medicinas que producirían ira y levantamientos de la población de todo el mundo.

Sin embargo, entre los pocos que negaban el problema Y2K estaba Bill Gates, quien no solo declaró que las PC’s con Windows no tendrían problemas al manejar las fechas del nuevo siglo, sino que tuvo la audacia de culpar a aquellos que “adoran contar historias de miedo” para fomentar la ansiedad global. La negación de Bill Gates fue ignorada mientras el gobierno y las corporaciones ponían en marcha costosos esquemas para inmunizar sus sistemas en contra del Y2K.

Y ese es solo el ejemplo racional. No faltaron los fanáticos religiosos que asociaron el susodicho problema de las computadoras al advenimiento del Apocalipsis. Por ejemplo, Reverendo Jerry Fallwel sugirió que el problema del año 2000 sería la confirmación de que profecía cristiana del “Instrumento de Dios para hacer temblar esta nación.”

La fecha pasó y… nada pasó. Con la excepción de algunos que otro problema que se solucionó en la semana, el mundo seguió funcionando. Si no contamos el famoso problema Y2K, 1999 debió ser uno de los años más felices para el mundo en general, sin embargo, si no conocemos nuestras computadoras, menos conocemos nuestros demonios internos. En lugar de disfrutar de cuánto nos facilitan la vida, tomamos las computadoras como un pretexto para alimentar nuestra necesidad de espantarnos por una calamidad que supuestamente se avecina.

Ya que leyeron esto, ¿a qué les suena últimamente? Sí, le atinaron: la susodicha Profecía del 2012.

Ya sé que ya había escrito sobre esto anteriormente, pero, aparte de que esa vez fue solamente una especie de introducción al tema, a diferencia de la mayoría de la gente, yo sí tengo presente que tendemos a olvidar. Y no me refiero al corto plazo cuando se me olvida donde dejé mi Nextel hace solamente media hora. Me refiero a que como seres humanos tendemos a olvidar lo que nos pasó hace algunos años. Ni siquiera muchos.

Ahora mezclen esa tendencia de olvidar lo que pasó hace 10 o 30 años con la necesidad innata (que aún investigo para luego desglosar) de los seres humanos de siempre creer en un apocalipsis futuro que se acerca pronto. Y para los que piensan lo suficiente, no crean que no tomo en cuenta que una de las razones de existir de las profecías de apocalipsis es simple y llano control a través del miedo. Es verdad que los escenarios apocalípticos funcionan como una pantalla a los problemas reales como la pobreza, la corrupción gubernamental, o los colapsos de sistemas financieros, problemas que realmente necesitan atención. Pero, desde mi punto de vista esa es solamente una de las consecuencias de la necesidad humana de tender a creer en su propia destrucción por catástrofes futuras sin pruebas tangibles o comprobables.

Existe algo muy profundamente implantado en nuestra historia evolutiva que hace que los humanos tiendan a creer ese tipo de historias, exactamente de la misma manera que existe la tendencia humana a olvidar hechos importantes después de algunas décadas. El pasado nos lo ha comprobado una y otra vez: el colapso de los Mayas, la desaparición de la civilización de la Isla de Pascua, la extinción de ciertas especies a causa de la actividad humana, el despilfarro de dinero en campañas innecesarias. La lista es larga.

Ahora bien, muchos pueden pensar: eso fue en el pasado, ahora tenemos la tecnología y los métodos para recordar lo que hicimos antes. Pues resulta que el problema del Año 2000 fue hace solo 10 años. Y hace solo 10 años ya teníamos al menos un siglo de tecnología, de educación y de archivos históricos. Sin embargo, ya lo olvidamos. Y ahora creemos en que dentro de 2 años llegará una nueva tragedia global. Y, si se ponen a investigar, está pasando exactamente lo mismo que hace 10 años. Las religiones apocalípticas están relacionando sus propias escrituras con el 2012, los fanáticos religiosos mueven los temores de sus seguidores en relación con esa fecha… y hasta existe hoy una nueva forma de hacer creer en el Apocalipsis de manera “científica” (y noten las comillas).

Ahora resulta que varios “expertos” racionalizan científicamente la catástrofe del 2012 con teorías basadas en pseudociencia que encandila hasta a algunos que no lo creerían de la manera tradicional. Vean a veces el History Channel y sabrán a lo que me refiero. El centro de la galaxia, la superactividad solar, la alineación del brazo de Orión… bla, bla bla. Hasta a mí me parecen a veces una romántica y bien construida historia de ciencia ficción. Sin embargo, cuando me doy cuenta de que mucha gente se la cree íntegramente… ya no me resulta tan romántica.

Pero… lo peor es que esto no es lo peor. Esto es solo en los casos de Finales del Mundo que nunca llegan. Lo peor es que este mismo patrón se apodera de nuestro conocimiento de las tragedias reales. Tragedias como las causadas por terremotos, epidemias, fanatismo religioso, huracanes, corrupción gubernamental, guerras, colapsos financieros. También tendemos a olvidar que pueden pasar. Antes como ahora. Y, antes como ahora, por lo mismo pasan. Pero los volvemos a olvidar. Ya no vivimos menos de 40 años, ya tenemos un sistema de archivo histórico, un sistema de comunicación global… y sin embargo lo olvidamos.

Pero, hey, como digo muchas veces ¿qué le vamos a hacer? La gente no dejará de creer en Santa Claus, en el Apocalipsis, en la profecía del 2012, en los horóscopos, en Dios… para el caso es lo mismo. Como dijo por ahí Homero Simpson: “¡Marge! ¡Yo soy solo un hombre!.”

Charles Darwin

Seguramente, si siguen este blog con regularidad, ya me habrán leído escribir sobre Charles Darwin. Ha resultado ser una persona recurrente en los variados temas que he expuesto aquí por una simple y sencilla razón: por lo que hizo. Y lo que hizo es lo que pretenderé explicar en el corto espacio de este post del Raptor Blog, de la manera más simple posible.

Lógicamente, el legado de Darwin es tan importante que comprenderlo completamente sería objeto de mucho más que una edición especial de Códice dedicada al naturalista inglés que publicó “El Origen de las Especies”. De cualquier forma, intentaré resumir la importancia de su legado, más no la Teoría de la Evolución misma, ya que eso, como ya he escrito antes, es harina de un gran costal que difícilmente comprenderían el 80% de los lectores aun si se interesaran en ello.

El caso es que (como en toda teoría científica que se encuentra en el camino correcto) el principio básico es simple, mucho más simple de lo que muchos desearían aceptar. Básicamente la importancia de la Teoría de la Evolución es ésta: nos dice de dónde venimos, cómo llegamos aquí, a dónde vamos… e incluso por qué. Y no me refiero solamente a “nosotros” como humanos, sino a nosotros como seres vivos. Desde el virus más insignificante hasta el ecosistema más complejo del planeta.

Sí, todas esas preguntas que alguna vez (y que para muchos de hecho aún son) fueron preguntas filosóficas, metafísicas o religiosas, pueden ser explicadas de manera relativamente simple (y comprobadas de una y mil formas) por la Teoría desarrollada por Charles Robert Darwin . Y digo desarrollada ya que Darwin no “inventó” la evolución.

La idea de que los organismos cambian con el tiempo y que podían descender de ancestros que una vez fueron diferentes a ellos ya había sido propuesta por algunos científicos y pensadores mucho antes de que Darwin trabajara en ella. Sin embargo, la mayoría de esas especulaciones se quedaron en eso. Algunas inclusive dejaron de desarrollarse al ser bloqueadas por líneas filosóficas que de una o de otra manera estaban influenciadas por la concepción esotérica o religiosa del universo.

La importancia de lo que hizo Darwin radica en que, aun habiendo sido él un cristiano que creía en las enseñanzas de la iglesia, pudo darse cuenta de que lo que encontraba y a las conclusiones que llegaba lo hacían encontrarse de frente con lo que la ciencia establecida (y entremezclada con la religión) rezaba como leyes de la biología y el universo. Recordemos que científicos anteriores (como Galileo) ya se habían encontrado en situaciones parecidas. Lo destacable del caso de Darwin es que sus ideas no solamente refutaban la idea de cómo se movían los planetas, sino se trataba de explicar la vida misma y cómo llegó a ser como es, lo que la Biblia siempre clamó explicar con sus fantasiosas historias que se tomaban como hechos irrefutables en esos tiempos.

En su búsqueda de coherencia de las pruebas que tenía y que constantemente encontraba incluso en su propio jardín, Charles Darwin logró comprender los factores que llevaban a los seres vivos a cambiar con el tiempo y, como después fue conocido, a adaptarse. Y además, aunque en sus tiempos no se conocía el método por el cual la herencia se trasmite (los genes), en el desarrollo de su teoría, Darwin propuso las bases de lo que hoy conocemos como herencia genética, o en otras palabras lo que hace a los seres vivos trasmitir sus características a su descendencia.

Así las cosas, la principal importancia de Darwin mismo es que con su intelecto, curiosidad y necesidad por encontrar explicaciones, logró hilar ideas y observaciones tanto de su propia como de otros investigadores. Logró condensar todas esas ideas en un libro que vendería millones de copias a través de los siglos, y lo hizo todo en un tiempo y lugar donde la idea tradicional del origen y el orden del universo era la que predominaba, incluso en su familia misma.

Así que, aún si Darwin no hubiera propuesto que los humanos descendíamos que de los monos (cosa que no propuso en ese contexto y que simplemente fue derivado de sus ideas), el naturalista más famoso de la historia sería aún un personaje importante en la historia de la ciencia debido no solo a lo que ya se ha comprobado sobre la relevancia y exactitud de su teoría, sino a la manera en que deja siempre abiertas las posibilidades para ser comprobada una y otra vez en el futuro.

Ninguna teoría científica (con excepción si acaso de la Teoría de la Relatividad) permea en la visión humana del universo como lo ha hecho, lo hace y lo seguirá haciendo  la Teoría de la Evolución de Charles Darwin.

Para comprobarlo simplemente deben seguir leyendo este blog. Seguramente aprenderán a hilar los hechos así como Darwin lo hizo. Bueno… tampoco es para tanto.

AutismoPara quienes no lo sabían, 2009 es no solamente el Año Internacional de la Astronomía, sino también el Año de Darwin, que conmemora el 200 aniversario de su nacimiento y el 150 aniversario de la publicación de “El Origen de las Especies”, precisamente un 24 de Noviembre.

Aunque no había mencionado ese detalle en posts anteriores, si siguen este blog, ya debieron sacar la conclusión de que varios de los temas que he publicado se relacionan de alguna manera con la biología evolutiva, una rama de la biología descendiente directa de la ideas de Charles Darwin y ahora con su propia ramificación de disciplinas. Esa ha sido mi manera de celebrar el bicentenario del padre de la teoría de la evolución.

Precisamente uno de esos temas fue el cual en el que expliqué cómo es que la evolución nos ha heredado ciertos instintos sobre los que tenemos poco o nada de control, pero que nos ayudan a lidiar con el mundo que nos rodea o a interactuar con otras personas; como la habilidad de leer mentes. Y no se preocupen, si les interesa y se perdieron ese post, siempre pueden consultarlo en este blog.

Esta vez, a manera de pequeña comprobación de lo que expuse en esa edición sobre leer mentes, (y que conste que solo es una, ya que hay muchas, a diferencia de lo que dicen quienes se niegan a creer que como homínidos somos primos del mono) presento un ejemplo que prueba que la selección natural es sabia y si nos ha dado algo es porque ha funcionado bien hasta ahora. Aunque claro, no es perfecta, pero eso será tema de otra edición, ya que es como dicen, harina de otro costal.

El mundo de un autista
El ejemplo clásico (y que pueden probar por sí mismos si se lo proponen) de lo que pasa cuando perdemos la habilidad de leer la mente de otros es la condición del autismo. Producto de un desorden en el desarrollo del cerebro, cuando alguien es autista, esa persona está prácticamente “ciega de la mente”.  La gente con autismo encuentra difícil, sino es que imposible, hacer lo que instantánea y naturalmente podemos  hacer para interactuar con nuestros semejantes.

Para quienes no conozcan a algún autista, deben saber que dichas personas tienen dificultad a la hora de interpretar pistas no verbales como gestos o expresiones faciales, o adivinar lo que alguien más piensa, o entender otra cosa aparte del significado literal de las palabras. Su aparato de primeras impresiones (la parte que instintivamente nos dice si alguien nos cayó bien o mal) está literalmente deshabilitada. Así que sucede que analizando la forma en que un autista ve el mundo nos da una buena idea de lo que pasa cuando no podemos leer la mente de otros o, en otras palabras, lo que sucede cuando algo que la evolución nos ha dado falla o solo funciona a medias.

Para aclarar de una vez el punto, debo recalcar que un autista no es necesariamente alguien de baja capacidad consgnoscitiva, es decir, alguien coloquialmente conocido como tonto. De hecho, muchos autistas son inclusive más inteligentes que muchas personas “normales”.  Un autista básicamente tiene el problema cerebral de no hacer las conexiones instintivas relacionadas con las relaciones interpersonales. Literalmente, un autista es una persona que difícilmente sale de su propio mundo, producto del bajo o nulo desarrollo de la parte del cerebro que nos provee de la capacidad de discernir lo que otros piensan o sienten y actuar o pensar en consecuencia.

Dos hombres y un apagador
En un famoso y simple pero exitoso experimento, el doctor Ami Klin puso a un autista llamado Peter a ver una película. La película consistía en cuatro personas (2 hombres y 2 mujeres) platicando en un cuarto. Klin le puso a Peter un sombrero con una cámara que analizaba lo que veían sus ojos durante toda la película. De esta manera, el Dr. Klin podía trazar una línea que siguiera los puntos en las escenas en los que Peter centraba su mirada.

En una escena donde uno de los personajes le pregunta a otro quién hizo una pintura (de tres que había en la pared) señalándola con el dedo, una persona normal (es decir, sin autismo) vió primero al rostro del que preguntaba, luego a la pintura, luego al rostro del cuestionado y de regreso al del que preguntaba. Sin embargo, la línea de visión de Peter reveló que ésta comenzaba en el cuello del que preguntaba, pero en lugar de pasar a la pintura debido a que el personaje apuntaba hacia ella con su mano, la mirada de Peter pasó de pintura en pintura de las tres que había en la pared. Mientras Peter trataba de saber a qué pintura se refería el personaje, la conversación en la escena pasó a otro tema.

Por si esto fuera poco, en la mayoría de las escenas de conversación, la mirada de Peter no solo no veía hacia los rostros de los protagonistas, si no que se centraba en un apagador que se econtraba en la pared.

Imaginen ahora cómo puede ser la vida social de alguien que no tiene la capacidad de intuir a lo que se refiere su interlocutor a menos que le diga verbal, explícita y específicamente lo que desea comunicarle. Bienvenidos al mundo de un autista… y a una prueba más de que dependemos más de los instintos primitivos de lo que desearíamos aceptar.

5 años de Firefox

In: Internet

21 Nov 2009

Hace 5 años, el 9 de Noviembre de 2004, un navegador de código libre llamado Mozilla Firefox (uno que no venía por default en tu computadora) estuvo disponible en su versión 1.0 para descargarse. Desde su salida, para sus usuarios, este navegador ha cambiado la forma en que consultan la red de redes, y por más de una razón.

Aunque el dominio de Internet Explorer (el navegador que viene por default desde ya hace más de una década en todas las computadoras con Windows) será difícil de superar (64.4%), Firefox ya ha alcanzado la cuota de 24.07% del mercado de navegadores de internet en el mundo. El navegador del zorro en flamas es seguido por Safari de Apple (con el 4.42%) y por Chrome de Google, que ya ha alcanzado una cuota del 3.58% de los usuarios.

El dominio del navegador de Microsoft ha estado bajando lentamente en los últimos años, de modo que hoy Firefox ya ha alcanzado la cuota de la versión 6 de Internet Explorer. Esta, a pesar de ser la versión más antigua (y por muchos odiada) de Explorer, aun sigue siendo usada por un tercio de los usuarios de ese navegador, en mucha parte debido a que no actualizan su sistema operativo Windows.

Los usuarios de Firefox, en cambio, utilizan en su mayoría la última versión, debido a que el navegador de la Fundación Mozilla se actualiza constante y fácilmente, una de sus principales ventajas sobre el de Microsoft.

Otra de las ventajas, y la que le ha ayudado a conseguír cada vez más usuarios, es que, al ser de código libre, cualquier programador o usuario en el mundo puede aportar sus ideas para mejorar Firefox, lo que lo ha hecho uno de los más estables y confiables navegadores web, sin contar con el hecho de que puede ser expandido descargando complementos para cientos de necesidades específicas.

Salido del proyecto original de navegación web llamado Mosaic, a Firefox además le precede una larga historia al haber sido la continuación de uno de los más famosos navegadores: el ahora extinto Netscape, que una vez tuvo la mayoría de los usuarios de internet, antes del dominio de Internet Explorer.

Una vez categorizado como el navegador que utilizaban solamente los expertos en desarrollo web e informática, Firefoz parece ya estar listo para conquistar el mundo… después de todo, en Códice es el que usamos.

Firefox, y cualquiera de sus complementos, pueden ser descargados gratuitamente desde el sitio web oficial de la Fundación Mozilla en: www.mozilla.com.

Sobre el blog

El Raptor Blog es el blog oficial de Nelson Razo, un diseñador gráfico experto en desarrollo web que en sus ratos libres se interesa en cómo funcionan los humanos el particular y el universo en general. Y publica lo que aprende en este sitio.

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