Después del tema científico del post pasado, ahora vuelvo a un asunto mucho más práctico del mundo de la mercadotecnia (otro de mis intereses principales, por si no se habían dado cuenta), y más específicamente con un tema que interesa a cualquier empresario o emprendedor que en estos tiempos se siente un tanto desconsolado debido a la crisis económica que aun no se quiere apaciguar. Obviamente el tema de esta edición también es interesante para cualquier persona que se intrigue por la manera en que la publicidad es afectada por los malos tiempos económicos.

La decisión “lógica”

Es práctica común que cuando un negocio se encuentra en tiempos de crisis, se busca recortar y maximizar los gastos en todos los departamentos posibles. Y el departamento (si es que se tiene uno) de Publicidad es el primero en sufrir los recortes. Por alguna extraña razón, a todo empresario le resulta lógico pensar que la publicidad es algo de lo que se puede prescindir durante tiempos difíciles. Supongo que esos empresarios son del tipo de los que piensan que la publicidad es un gasto, y que al ser un gasto puede considerarse innecesario en tiempos de recorte de presupuesto. Nada más alejado de la realidad.

La publicidad, aunque suene a cliché trillado, no es un gasto: es una inversión. La publicidad, en pocas palabras y para no hacer larga la explicación (que tiene mucha tela de donde cortar, por cierto), es el medio por el cual los posibles clientes saben sobre el producto o servicio que se intenta vender. Y no solo eso, la publicidad es el medio por el cual los clientes que ya saben que existimos mantienen en su memoria la idea del producto o servicio. Si no lo creen, pregúntele a Coca Cola: una marca tan arraigada en la mente de su mercado, sigue gastando y siempre gastará millones en publicidad. ¿Por qué? Porque por más arraigada que esté una marca, sin publicidad simplemente sucumbiría ante la competencia en relativamente poco tiempo. Y esto nos lleva a las razones por las que en tiempos de crisis recortar los gastos de publicidad es uno de los más grandes errores para cualquier negocio.

Crisis significa oportunidad

Para comenzar, si nos ponemos a analizar el problema lógicamente y sin utilizar el “sentido común” tradicional, nos podremos dar cuenta de que recortar los esfuerzos publicitarios en tiempos difíciles es simplemente ilógico. Para poner un ejemplo simple y no entrar en detalles que muchos no puedan comprender, ilustraré el asunto con una anuncio que ví hace mucho tiempo en un sitio web del cual ya ni recuerdo el URL.

En el anuncio salía un avión de pasajeros encaminándose a una fuerte tormenta. La aeronave de repente se empezaba a bambolear  por efectos de la gran turbulencia y los rayos le caían a su alrededor.  Entonces una voz decía: ¿Cree usted que es el momento de apagar uno de los motores? Después de eso salía un mensaje escrito que decía “En tiempos difíciles, seguir haciendo publicidad le puede ayudar.”

En otras palabras: la publicidad es uno de los motores del negocio. Si se corta esa inversión, no se tendrá una manera de salir del agujero una vez acabada la tormenta. O puede que ni siquiera se pueda salir de ella antes de que termine.

Otra de las grandes razones por la que seguir invirtiendo en publicidad (o incluso invertir más en ella) en tiempos de crisis es la lógica razón de que como la mayoría de los negocios están en la misma crisis y decidirán recortar sus gastos (porque todo el mundo se guía por el “sentido común”), quien ose a seguirse anunciando tendrá una gran ventaja tanto en el corto como en el largo plazo. ¿Por qué?

Diversas investigaciones han comprobado a través de la historia que las empresas que se publicitan de manera consistente obtienen los mejores resultados después de pasada la tormenta. Un estudio de Mac Graw Hill Research que analizó 600 empresas desde 1980 a 1985, encontró que las ventas de aquellas que eligieron mantener o incrementar su gasto en publicidad durante la recesión de 1981 a 1982 eran significativamente superiores con la recuperación económica. Concretamente, las ventas de las empresas  que durante la recesión habían hecho publicidad agresivamente superaban en un 256% a las de aquellas que cancelaron su publicidad.

En palabras vagas y coloquiales podremos resumir este punto citando el famoso refrán que reza:  “Cuando el gato sale, los ratones hacen fiesta”. Bueno, la idea es esa, como decía el Chapulín Colorado.

La importancia de la publicidad

Pero ¿qué es lo que pasa cuando un negocio deja de anunciarse en tiempos de crisis para cuidar su economía? Cuando se reduce la inversión en publicidad, se deja un vacío en la mente de los consumidores; un vacío que los vendedores agresivos pueden aprovechar… si es que se animan a hacerlo. En este contexto, podemos ver las cosas desde el punto de vista que dice que los problemas no existen, ya que son simplemente oportunidades para ser creativos. Sé que suena también a cliché, pero esta es una de esas ocasiones en la que se convierte en una simple realidad y de la que realmente se puede sacar algo práctico y alcanzable.

El punto es que, muchas veces es necesario no dejarnos llevar por lo que el “sentido común” nos dicta, o por lo que les dicta a todos los demás. En tiempo de crisis especialmente es bueno salir de la burbuja y ver las cosas desde un ángulo más amplio. Hay que recordar que la meta de la mercadotecnia y de cualquier negocio es que sus productos sigan siendo preferidos de los consumidores, con o sin crisis, y mucho más después de una. Es necesario favorecer las decisiones de marketing estratégico por encima de aquellas puramente financieras. En otras palabras, tener visión a largo plazo. Si se quiere un negocio prospero por mucho tiempo, claro.

Si aun después de las evidencias presentadas piensan que pueden prescindir de la inversión en publicidad durante tiempos de crisis, les dejo el siguiente dato: para las empresas que recortan su publicidad y comunicación en tiempos de crisis, el costo de recuperar su cuota de mercado cuando la economía se levanta, podría ser cuatro o cinco veces superior al ahorro conseguido. Ahí saquen la cuenta.

Lo Dijo Einstein

“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos.

La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ’superado’.

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.
La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.

El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos.

Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.”

Después del descanso de la semana pasada (por falta de etiempo y honestamente también de inspiración), escribo este post. Y regreso de nuevo con un tema de los que habitualmente me gusta explorar: la naturaleza animal humana que muchas personas tanto intentan negarse a sí mismas. En otras palabras otro tema que prueba que Charles Darwin ni se imaginaba de lo que su idea lograría ayudarnos a corroborar aun más de 100 años después de su muerte.

Esta vez, el tema vino a mi interés debido a la relación con el tema de la semana antepasada cuando escribí sobre el Neuromarketing y la manera inconsciente en que tomamos muchas decisiones. Como suele resultar después de investigar sobre un tema, ese mismo me llevó a otro y, en este caso muy para mi complacencia, me encontré con un libro llamado Blink, escrito por Malcolm Gladwell (sobre el cual mencione debería ser obligatorio para todo mercadólogo). Obviamente el libro contiene mucho más de lo que puedo escribir en este pequeño espacio (todo igualmente de interesante), pero intentaré explicar por qué es interesante en cuanto al tema de esta sección.

Todos hemos escuchado sobre “poderes mentales”. Hemos visto películas sobre el tema. Hemos leído historias que se basan en ello, o incluso tenido experiencias directas o indirectas al respecto. Sin embargo, siempre se ha considerado una especie de tema paranormal. Y la verdad, ¿quién no desearía tener la habilidad de saber los eventos antes de que sucedan, o de poder leer las mentes de otras personas?

Es una especie de universalidad humana el soñar con tener o experimentar ese tipo de poderes. ¿Por qué creen que muchas películas o historias famosas se basan en que sus personajes principales pueden utilizar alguna variante de ese tipo de poderes? Bueno pues resulta que, hasta cierto punto, todos los tenemos.  Y la verdad es que no resulta nada del otro mundo. Nacemos con ellos. O mejor dicho, nacemos con habilidades que pueden confundirse con poderes extrasensoriales. Para ser más precisos, nuestros antepasados nos han heredado genes que, aunque primitivos, nos ayudan a lidiar con situaciones de maneras que podemos encontrar tan ilógicas que las consideramos paranormales.

Si siguen esta sección, ya me habrán leído mencionar algo sobre cómo es que nuestro cerebro funciona en mucha parte ajeno a nuestra consciencia. Existe una parte que decide y siente por nosotros antes de que seamos conscientes de ello. Y precisamente esa es la parte que entra en acción cuando llegamos a pensar que tenemos poderes mentales. Me explicará con una historia que se menciona en el libro del que les comenté al principio.

Gary Klein, un experto en toma de decisiones, una vez le hizo una entrevista al comandante del departamento de bomberos de Cleveland, como parte de un proyecto que consistía en conseguir que algunos profesionales hablaran sobre situaciones en las cuales tuvieron que tomar decisiones rápidas. La historia que el bombero le contó fue sobre una llamada a la que había acudido años antes, cuando era teniente. El incendio estaba en la parte trasera de una casa de una sola planta en una zona residencial, en la cocina. El teniente y sus hombres rompieron la puerta, sacaron las mangueras y cargaron la línea, lanzando agua a las flamas de la cocina. Algo debió haber pasado en ese punto: las llamas debieron disminuir. Pero no lo hicieron. Así que los bomberos rociaron de nuevo. Aun así, no parecía hacer la diferencia, así que se retiraron a la sala y ahí, de repente, el teniente pensó que algo andaba mal. Volteando hacia sus hombres les dijo “Salgamos, ya!” y momentos después de que lo hicieron, el piso donde estaban parados colapsó. Resultó que el fuego venía del sótano.

“El teniente no supo porque les había ordenado a todos que salieran,” recuerda Klein. “Él creía que había sido ESP (Percepción extra sensorial). Y lo decía en serio. Pensaba que tenia ESP, y sentía que ese poder lo había protegido durante toda su carrera.”

Klein es un investigador de decisiones con un doctorado, un hombre muy inteligente, y no estaba satisfecho con esa respuesta. En vez de eso, por las siguientes dos horas, hizo que el bombero recordara varias veces los eventos de ese día, en un esfuerzo por documentar de forma precisa lo que el teniente sabía y lo que no.

“Lo primero fue que el fuego no se comportaba como debía,” dice Klein. El fuego en la cocina debió responder al agua. Este no lo hizo. “Se habían regresado a la sala,” prosiguió Klein. “El teniente me contó que siempre mantiene sus orejeras levantadas para darse una idea de qué tan caliente está el fuego, y se había sorprendido de lo caliente que estaba incluso la sala. Un fuego de cocina no debía ser tan caliente. Muchas veces una señal de experiencia es notar lo que no pasa, y otra cosa que le sorprendió fue que ese fuego no era ruidoso. Era silencioso, y eso no tenía sentido tomando en cuenta el calor que hacía.”

En retrospectiva, todas esas anomalías tenían perfecto sentido. El fuego no respondía a ser rociado en la cocina ya que no estaba centrado en ella. Era silencioso debido a que el piso enmudecía el sonido del fuego debajo. La sala estaba caliente debido a que el fuego se encontraba debajo, y el calor sube. Sin embargo, en el momento, el teniente no hizo ninguna de estas conexiones conscientemente. Todos sus pensamientos se llevaban a cabo detrás de la puerta cerrada de su inconsciente.

Este es un hermoso ejemplo de sistema límbico en acción (la parte inconsciente de nuestro cerebro). La computadora cerebral del bombero instantáneamente y sin esfuerzo encontró un patrón en el caos. Pero seguramente el hecho más sorprendente sobre ese día es lo cerca que todo estuvo del desastre. Si el teniente se hubiera detenido a pensar y discutir el asunto con sus hombres, pudo haber destruido su habilidad para saltarse a la revelación que salvó sus vidas.

Claro que este es un ejemplo favorable de lo que nos dieron nuestros homínidos antepasados. Ya escribiré después sobre la parte oscura de nuestros heredados instintos primitivos.

Investigando en internet para seguir con el interesante tema de la mercadotecnia como una actividad inherente de la naturaleza del ser humano, me encontré con mucha más información de lo que andaba buscando (como me suele pasar a menudo), lo cual me llevó a profundizar de manera más especifica en el tema, pero sin que le dejara de interesar a mis lectores a quienes no les llama específicamente la atención el marketing.
La idea de investigar sobre el asunto surgió gracias a una interesante (aunque corta) plática acerca de cómo es que las personas como consumidores deciden por un producto en oferta en vez de otro que técnicamente seria una mejor opción más no está marcado como oferta. Desde un punto de vista podría interpretarse como una manipulación de las técnicas de promoción (y de hecho lo es). Pero como ya mencioné hace dos semanas en esta sección, en marketing, como en la vida diaria, la realidad no existe en las etiquetas del precio en los stands, sino en la mente de las personas.
Y precisamente este ha sido el santo grial de la mercadotecnia moderna: saber qué es lo que los consumidores desean y cómo convencerlos de que lo compren. Y como siempre, cuando analizamos la situación rigurosa y lógicamente, nos damos cuenta de que al final la biología evolutiva nos puede dar una explicación. Y lo mejor es que hoy en día la tecnología nos está ayudando a comprobar de una vez por todas estas conclusiones, que muchas personas aun creen son solo especulaciones.
Cómo decide tu mente
¿Por qué es muy difícil saber con seguridad si las personas prefieren Coca Cola sobre Pepsi? ¿Tecate sobre Modelo? ¿Los arcos del Mc Donald’s o el “A tu manera” del Burguer King? Si uno busca una respuesta a esta pregunta simplemente preguntándoselo personalmente al consumidor, lo más probable es que no recibamos la respuesta correcta. ¿Por qué? Porque la mayoría de las veces las personas no saben en realidad por qué eligen lo que eligen. Es un hecho comprobado (publicado por la Harvard University) que  95% de la toma de decisiones del consumidor ocurre subconscientemente. Y eso son muchas decisiones sobre las que no tenemos control real.
Hasta hace poco, este tema, que siempre ha sido de interés para los mercadólogos y para los empresarios, solamente podía ser abordado con técnicas de investigación como las encuestas y los grupos de enfoque. Pero debido a que en realidad las decisiones de ese tipo no son conscientes para las personas, muchas de estas investigaciones simplemente arrojaban datos con mucha probabilidad de error.
Pero un nuevo tipo de investigación esta iluminando los misterios del proceso neuronal detrás de este tipo de decisiones. Conocido como neuromarketing, esta ciencia controversial (como casi toda ciencia cuando es nueva) podría un día llegar hacer pensar que se ha comprobado la suposición de que los mercadólogos juegan con la mente de los consumidores. Pero analícenlo mejor.
Una rama de la neurociencia cognoscitiva, el neuromarketing se basa en la habilidad de visualizar cómo el cerebro humano analiza opciones y toma decisiones al respecto. Usando escáneres de resonancia magnética funcional (fMRI) se miden los niveles de oxigeno en la sangre, lo que le dice a los científicos que partes del cerebro están más activas cuando las decisiones se toman.
El reto de la Cola
En el Baylor College of Medicine se llevó a cabo una nueva versión del “Reto Pepsi” usando una máquina fMRI, en 2004. Se le dió a 67 personas una probada tanto de Pepsi como de Coca-Cola, sin que supieran la marca. Posteriormente se puso a los sujetos en la fMRI. Todos mostraron una fuerte activación de las zonas de placer del cerebro, y lo mostraron de manera casi equivalentemente distribuida entre las dos marcas. Sin embargo, cuando la prueba se repitió pero diciéndole a los sujetos la marca de la bebida que acababan de probar, tres de cada cuatro mostraron que preferían Coca-Cola sobre Pepsi, y  sus cerebros mostraron por qué: no solamente se activo el área de placer del cerebro, sino que también la zona de la memoria en el cortex prefrontal medio mostró gran actividad.
Esto comprobó que la sola marca del producto tiene valor en el sistema cerebral sobre el deseo por el contenido de la lata de soda. En otras palabras, todas esas glamorosas y felices personas tomando Coca-Cola en los comerciales hicieron exactamente lo que se supone deben hacer: meterse en el cerebro y dejar asociaciones lo suficientemente fuertes como para borrar la preferencia sobre el sabor de Pepsi.
La decisión prehistórica
Aunado a lo anterior, la realidad es que venimos equipados para evaluar cosas potencialmente buenas y potencialmente malas. Debe existir algo en el cerebro que promueve la sobrevivencia, hayas aprendido o no sobre la situación que se te presenta. A esto se le llama emoción anticipadora. Aun antes de que las áreas cognoscitivas del cerebro alcancen a analizar las opciones, estas más intuitivas y emocionales regiones ya están iniciando el proceso de toma de decisiones y pueden predecir el resultado. Esto sin duda le sirvió al hombre primitivo a la hora de decidir qué plantas recolectar o a qué cuevas entrar. Pero los vestigios de este sistema entran en acción aun hoy cuando hacemos elecciones en el Súper.
Para ahorrar tiempo, el cerebro no busca entre toda la lista de beneficios, riesgos y valores cada vez que se encuentra en una situación dada. Cada vez que puede, se basa en una especie de “tecla rápida” que toma ventaja de experiencias e información guardada. Aquí es cuando entran las marcas, la familiaridad, la confianza o el “me dijeron”: son un atajo para “saber” que esperar.
Esto es ciertamente música para los oídos de los mercadólogos y los anunciantes… y una señal del apocalipsis para los activistas y críticos del consumismo que ven todos los días conspiraciones Orwellianas en los medios masivos. Pero eso, como decía la viejita del anuncio, es otra historia.

Investigando en internet para seguir con el interesante tema de la mercadotecnia como una actividad inherente de la naturaleza del ser humano, me encontré con mucha más información de lo que andaba buscando (como me suele pasar a menudo), lo cual me llevó a profundizar de manera más especifica en el tema, pero sin que le dejara de interesar a mis lectores a quienes no les llama específicamente la atención el marketing.

La idea de investigar sobre el asunto surgió gracias a una interesante (aunque corta) plática acerca de cómo es que las personas como consumidores deciden por un producto en oferta en vez de otro que técnicamente seria una mejor opción más no está marcado como oferta. Desde un punto de vista podría interpretarse como una manipulación de las técnicas de promoción (y de hecho lo es). Pero como ya mencioné hace dos semanas en esta sección, en marketing, como en la vida diaria, la realidad no existe en las etiquetas del precio en los stands, sino en la mente de las personas.

Y precisamente este ha sido el santo grial de la mercadotecnia moderna: saber qué es lo que los consumidores desean y cómo convencerlos de que lo compren. Y como siempre, cuando analizamos la situación rigurosa y lógicamente, nos damos cuenta de que al final la biología evolutiva nos puede dar una explicación. Y lo mejor es que hoy en día la tecnología nos está ayudando a comprobar de una vez por todas estas conclusiones, que muchas personas aun creen son solo especulaciones.

Cómo decide tu mente

¿Por qué es muy difícil saber con seguridad si las personas prefieren Coca Cola sobre Pepsi? ¿Tecate sobre Modelo? ¿Los arcos del Mc Donald’s o el “A tu manera” del Burguer King? Si uno busca una respuesta a esta pregunta simplemente preguntándoselo personalmente al consumidor, lo más probable es que no recibamos la respuesta correcta. ¿Por qué? Porque la mayoría de las veces las personas no saben en realidad por qué eligen lo que eligen. Es un hecho comprobado (publicado por la Harvard University) que  95% de la toma de decisiones del consumidor ocurre subconscientemente. Y eso son muchas decisiones sobre las que no tenemos control real.

Hasta hace poco, este tema, que siempre ha sido de interés para los mercadólogos y para los empresarios, solamente podía ser abordado con técnicas de investigación como las encuestas y los grupos de enfoque. Pero debido a que en realidad las decisiones de ese tipo no son conscientes para las personas, muchas de estas investigaciones simplemente arrojaban datos con mucha probabilidad de error.

Pero un nuevo tipo de investigación esta iluminando los misterios del proceso neuronal detrás de este tipo de decisiones. Conocido como neuromarketing, esta ciencia controversial (como casi toda ciencia cuando es nueva) podría un día llegar hacer pensar que se ha comprobado la suposición de que los mercadólogos juegan con la mente de los consumidores. Pero analícenlo mejor.

Una rama de la neurociencia cognoscitiva, el neuromarketing se basa en la habilidad de visualizar cómo el cerebro humano analiza opciones y toma decisiones al respecto. Usando escáneres de resonancia magnética funcional (fMRI) se miden los niveles de oxigeno en la sangre, lo que le dice a los científicos que partes del cerebro están más activas cuando las decisiones se toman.

El reto de la Cola

En el Baylor College of Medicine se llevó a cabo una nueva versión del “Reto Pepsi” usando una máquina fMRI, en 2004. Se le dió a 67 personas una probada tanto de Pepsi como de Coca-Cola, sin que supieran la marca. Posteriormente se puso a los sujetos en la fMRI. Todos mostraron una fuerte activación de las zonas de placer del cerebro, y lo mostraron de manera casi equivalentemente distribuida entre las dos marcas. Sin embargo, cuando la prueba se repitió pero diciéndole a los sujetos la marca de la bebida que acababan de probar, tres de cada cuatro mostraron que preferían Coca-Cola sobre Pepsi, y  sus cerebros mostraron por qué: no solamente se activo el área de placer del cerebro, sino que también la zona de la memoria en el cortex prefrontal medio mostró gran actividad.

Esto comprobó que la sola marca del producto tiene valor en el sistema cerebral sobre el deseo por el contenido de la lata de soda. En otras palabras, todas esas glamorosas y felices personas tomando Coca-Cola en los comerciales hicieron exactamente lo que se supone deben hacer: meterse en el cerebro y dejar asociaciones lo suficientemente fuertes como para borrar la preferencia sobre el sabor de Pepsi.

La decisión prehistórica

Aunado a lo anterior, la realidad es que venimos equipados para evaluar cosas potencialmente buenas y potencialmente malas. Debe existir algo en el cerebro que promueve la sobrevivencia, hayas aprendido o no sobre la situación que se te presenta. A esto se le llama emoción anticipadora. Aun antes de que las áreas cognoscitivas del cerebro alcancen a analizar las opciones, estas más intuitivas y emocionales regiones ya están iniciando el proceso de toma de decisiones y pueden predecir el resultado. Esto sin duda le sirvió al hombre primitivo a la hora de decidir qué plantas recolectar o a qué cuevas entrar. Pero los vestigios de este sistema entran en acción aun hoy cuando hacemos elecciones en el Súper.

Para ahorrar tiempo, el cerebro no busca entre toda la lista de beneficios, riesgos y valores cada vez que se encuentra en una situación dada. Cada vez que puede, se basa en una especie de “tecla rápida” que toma ventaja de experiencias e información guardada. Aquí es cuando entran las marcas, la familiaridad, la confianza o el “me dijeron”: son un atajo para “saber” que esperar.

Esto es ciertamente música para los oídos de los mercadólogos y los anunciantes… y una señal del apocalipsis para los activistas y críticos del consumismo que ven todos los días conspiraciones Orwellianas en los medios masivos. Pero eso, como decía la viejita del anuncio, es otra historia.

Existe un famoso dicho popular que dice que si quieres tener una amistad larga y duradera con alguien, nunca debes discutir de política o religión con dicha persona. Investigando sobre el tema en la web (porque se llama Web, no Internet), me encontré una pregunta en Yahoo! Respuestas, en la que un usuario preguntaba que si a la gente le gustaba discutir sobre esos temas. Muchos contestaron su opinión (tantos como los que no contestan cuando alguien hace una pregunta realmente interesante), pero la única respuesta inteligente que encontré la dio una usuario que simplemente contestó: “No. Me da flojera”.

Política y religión son dos temas que a través de los años se han considerado incompatibles, como si fueran los famosos opuestos eternos agua y aceite. Pero nada más alejado de la realidad, como últimamente se puede dar cuenta quien ponga algo de atención en el acontecer mundial y nacional. Y como la historia también nos ha demostrado innumerables veces.

¿Qué me llevó a escribir esta vez sobre estos dos temas que normalmente no son de mi gusto? Pues un comentario que recientemente escuché sobre las “opiniones” sobre medios publicitarios de ciertos políticos. Y con esto no me refiero al caso de Códice como medio impreso. De hecho el comentario fue sobre otra publicación local. Su director me contó que un partido no quiso anunciarse en sus páginas debido a que ya se anunciaba uno de sus contrincantes, y que además, cuando se la acercó, alejó la publicación de él como si hubiera sido impresa con tinta de gripe porcina.

Para alguien que sepa algo sobre medios publicitarios o mercadotecnia, este tipo de comentario no puede más que causar risa. Y para alguien que ha estudiado los orígenes evolutivos del pensamiento religioso, solamente comprueba una vez más que los políticos parecen ser una especie que está un poco más por debajo de la ya de por sí poco evolucionada especie auto nombrada homo sapiens. Y no solo los políticos, también muchos de sus seguidores.

El problema de la relación entre la religión y la política es que, independientemente de su contenido específico, ambas se ocupan, desde hace ya mucho tiempo y de hecho desde sus orígenes, fundamentalmente de poder. De hecho se ocupan de poder y control. Esto en términos de grupos o en una perspectiva general. En términos individuales, los propios conceptos de religión y política pueden ayudar a explicarnos su relación.

Religión es un conjunto de creencias y prácticas determinadas por la visión de la realidad y lo sobrenatural de un individuo. La política, (en teoría, Marge, en teoría), es el proceso por el cual los grupos de individuos toman decisiones. Debido a que la visión de la realidad de un individuo tiene un poderoso efecto sobre su toma de decisiones, los dos ámbitos están interrelacionados de varias maneras.

¿O que ya olvidaron nuestra historia nacional que les enseñaron en la primaria, y que espero recuerden aunque sea en su esencia? ¿Como por ejemplo al famoso cura Miguel Hidalgo y Costilla? Si mal no recuerdo, fue un padre gachupín (hijo de españoles, pero nacido en México) que convenció a los campesinos y trabajadores pobres mestizos e indios de que le ayudaran a expulsar a la corona española de sus tierras para establecer un nuevo e independiente país. Y de hecho hasta utilizó un famoso mito religioso: la Virgen de Guadalupe.  Y eso fue hace 200 años. ¿Necesitan más pruebas?

Para que los católicos no se sientan agredidos, deben saber que el ex presidente George W. Bush llegó a ser líder de los Estados Unidos por segunda vez gracias no solo a que invocaba a Dios en su campaña de reelección (después de todo hacer creer a la gente que Dios está de tu lado es siempre conveniente), sino a las relaciones que forjó con las comunidades Cristianas de todo Estados Unidos, a las cuales prometió apoyar una vez en el poder, y lo hizo. De la misma forma que apoyó la ocupación de Irak. Y aparte también ayudado por Dios. ¿Quieren pruebas más cercanas a nosotros?

Ya sabemos que existen partidos “lapa” en nuestro país. Es decir, partidos que debido a su escaso número de seguidores (comparados con los partidos principales), es necesario para ellos aliarse a otro más grande (así parecido a un organismo parasitario) para conseguir una tajada del mercado político, es decir, alguna que otra posición gubernamental. O sea un huesito, como coloquialmente se le conoce.

Pues resulta que, a pesar de que las leyes del IFE prohíben a un partido político estar asociado con organizaciones religiosas y mucho menos recibir ayuda de ellas para sus campañas, en nuestro estado existe un “partido” que ni siquiera despista sus relaciones cristianas. Tiene un famoso pescadito recortado como a manera de camuflaje en su logotipo (si es que se le puede llamar logotipo, claro, pero démosle algo de chance). Y hasta se llama PES. Literalmente. Aunque con ese, por favor. No con zeta.

No es nada personal ni con algún religioso ni con algún político específico. Como digo, así funciona la naturaleza. En este caso, lamentablemente. Poco podemos hacer para evitarlo. Esos sistemas de inferencia que la evolución ha dado al cerebro de nuestra especie, difícilmente pueden ser evadidos. De hecho parte de su efectividad es gracias a que no llegan normalmente a la consciencia. Funcionan camuflados. Como ese pescadito.

No cabe duda que hasta la evolución se equivoca. O es que simplemente apenas ha comenzado a trabajar.

Celebrando el Año Internacional de la Astronomía aquí explicaré cómo es que funcionan esas (desde nuestro punto de vista) pequeñas luces que llenan el cielo en una noche despejada (y también en una noche nublada, porque ahí siguen, solo que escondidas por las nubes).

Como siempre, la idea de este post es enseñar algo que de otra manera pocos podrían aprender en el curso de su vida. Y qué tema más preciso para eso que explicar qué tan importantes son las estrellas en el universo, incluyendo a esa bola blanco amarillenta que vemos día a día en el cielo. Y es que, aunque resulte imposible de creer para muchos, la mayoría de lo que vemos en nuestro pequeño planeta existe gracias a las estrellas, incluidos nosotros mismos.

¿Qué es una estrella?

Una estrella es básicamente un gran horno termonuclear. Como todo, existen de diferentes tamaños,  pero, para fines prácticos, usaré nuestra estrella común más cercana, a la cual llamamos Sol, para explicar cómo es que las estrellas en general generan su energía gracias al calor termonuclear en sus interiores.

Y lo que es necesario saber para comenzar es que el Sol es muy grande y pesado. Es tan grande que podrías meter un millón de Tierras dentro de él. Tan pesado que su gravedad controla todo el sistema solar. Si pudieras verlo de cerca, solo verías un mar turbulento de gas incandescente. Es tan caliente que en la superficie la temperatura pasa de los 5000 grados, y en su centro llega a decenas de millones de grados. De hecho su núcleo es lo suficientemente caliente como para generar reacciones nucleares, convirtiendo millones de toneladas de materia en energía cada segundo: más de lo que la humanidad ha generado en toda su existencia.

El Infarto Estelar

Pero un día todo esto se detendrá, cuando todo su combustible se agote:  cuando el Hidrógeno se le termine. Porque una estrella no es más que una inmensa bola de Hidrógeno supercalentado que se mantiene debido a la presión de su inmensa masa, tan caliente que genera inmensas cantidades de energía al fusionar los átomos de Hidrógeno creando Helio en el proceso.  A todos los miles de millones de años que una estrella dura convirtiendo Hidrógeno en Helio es a lo que se le puede considerar su etapa saludable.

Pero cuando el Hidrogeno ya no es suficiente (unos cuantos miles de millones de años después, en el caso del Sol), el horno termonuclear en su centro comienza a quemar el Helio al aumentar su temperatura por efecto de la compresión.  En esta nueva etapa, la fusión del Helio crea elementos más pesados como el Carbono. De igual forma, pero con un aumento mucho mayor de temperatura y compresión, cuando el Helio se termina, la estrella comienza a quemar el Carbono, para el cual se requiere mucho más energía. Al mismo tiempo que todo esto sucede, las capas exteriores de la estrella se expansionan convirtiéndola en gigante, roja al inicio y azul después.

Cuando la temperatura del núcleo es de unos 3 mil millones de grados, la mayoría del mismo ya se ha convertido en Hierro, mezclado con algunos elementos más pesados. Al final, cuando la temperatura llega a los 8 mil millones de grados, el hierro sintetizado no resiste más y colapsa causando la explosión de las capas exteriores de la estrella hacia el espacio. El resultado es una nebulosa planetaria que se expande, con los pequeños restos de la estrella en el centro.

Pero, solo algunas de todas esas estrellas que mueren proporcionan los elementos aun más pesados. Son relativamente muy conocidas. Las llamamos supernovas.

Supernovas

Aunque el nombre supernova significa “super nueva”, este tipo de estrella es en realidad el último suspiro de una gran vieja estrella, es decir, una estrella que ha llegado a la etapa de su muerte. Cuando una estrella varias veces la masa de nuestro Sol llega al final de su etapa de generar estables reacciones nucleares, estalla con una intensa luminosidad que es posible ver a simple vista en el cielo aunque la estrella se encuentre a cientos o miles de años luz de nosotros.

Aunque solo pocas estrellas en nuestra galaxia terminan su vida de esta manera cada siglo, estas explosiones son directamente responsables de crear los elementos en universo más pesados que el Hierro. Por ejemplo, todo el cobre, mercurio, oro, yodo y plomo que encontramos en la tierra hoy, fueron forjados en estas violentas explosiones hace miles de millones de años.

Las capas en expansión de las supernovas remanentes y de las nebulosas planetarias eventualmente se mezclan con otros materiales en la vía láctea y estos se convierten en la materia prima para la siguiente generación de estrellas y planetas, incluyendo nuestro sistema solar.

Así que los elementos químicos que constituyen los planetas, la Tierra, las plantas y los animales a nuestro alrededor, y de hecho nuestras propias células fueron construidos en las profundidades de viejas estrellas y lanzados al espacio en explosiones estelares y supernovas. En pocas palabras, para que nosotros viviéramos, estrellas tuvieron que morir.

Así que, quieras creerlo o no, el verde del pasto, el oxigeno en tus pulmones y el rojo de tu sangre son los colores del polvo estelar. Estamos hechos de desperdicios nucleares estelares.

Esta vez esta sección parecerá un poco superficial para algunos que hayan leído el titulo. Después de todo es un tema que hasta cierto punto suena trillado y se escucha hasta en programas como el de la “¡Señorita Laura!”.  Sin embargo si esa vez me inmiscuyo en estos territorios no es sólo porque me lo pidieron (y espero sirva en algo a quienes se interesan en el tema), sino porque planeo integrar este articulo a una serie que exponga pruebas de como la especie que se autodenomina homo sapiens aún funciona en su mayor parte con esos instintos que tanto claman son solamente “animales”. Y comenzaré con explicar qué son los celos.

Los celos son básicamente una emoción, y comúnmente el término se refiere a los pensamientos y sentimientos negativos de inseguridad, miedo y ansiedad sobre la perdida anticipada de algo que la persona valora, como una relación, amistad, o un ser amado. La expresión de celos frecuentemente consiste en una combinación de diferentes emociones como enojo, tristeza y disgusto. Es importante aclarar que, aunque comúnmente se utilizan como sinónimos, estos difieren de la envidia en el sentido de que los celos son siempre sobre algo que uno tiene (o imagina tener) y teme perder, mientras que la envidia se refiere a algo que uno no tiene y desea adquirir o piensa/ intenta impedir que otro adquiera.

Como ya muchos saben (y más los aficionados a las telenovelas), los celos son una experiencia muy familiar en las relaciones humanas. Se ha observado incluso en infantes de 5 meses de edad. Y, aunque algunos reclaman que los celos son un fenómeno especifico de la cultura, los experimentos con niños muy pequeños prueban que es una condición inherente en la especie e independiente de la cultura. Sin embargo, debo mencionar que también se ha demostrado que las creencias culturales y los valores juegan un rol importante en determinar lo que desencadena los celos. Después de todo lo que uno sabe también influye.

Y como nunca está de más saber algo de etimología, la palabra en español viene del latín zelosus (que significa lleno de celo) y ésta del griego zelos (que significa ardor o celo).

¿QUE SON EXACTAMENTE?

Debido a que la gente expresa los celos a través de diferentes emociones y comportamientos, es difícil llegar a una definición científica exacta, y no se ha establecido una específica y universal. Sin embargo, en general los celos pueden definirse como:

La reacción aversiva que ocurre como resultado de que la otra persona lleve una relación  externa, ya sea esta real, imaginada o simplemente que se considere posible de ocurrir.

Así, los celos típicamente incluyen a 3 personas y una reacción al sentir una amenaza, expresada por sentimientos o comportamientos aversivos o protectivos. Estos consisten, según psicólogos como Parrott, en todo un “episodio emocional” al que llaman “narrativa”. Dicha narrativa puede originarse gracias a experiencias, pensamientos, percepciones o memorias, pero también de la imaginación o de la simple suposición. Entre más importe la sociedad y la cultura en la formación de estos factores, más probable será que los celos tengan un origen cultural.

En contraste, psicólogos evolutivos como Goldie muestran como los celos pueden ser un estado cognoscitivo impenetrable, donde la educación y las creencias racionales importan poco. Es decir, un sistema de inferencia natural e instintivo, que funciona independientemente de nuestra consciencia del mismo (así como la “maña” de encontrar patrones donde no existen). Y aquí es donde encontramos la explicación del origen de los celos como sentimiento universal, de una u otra forma, en la especie humana. Simplemente está en nuestros genes.

¿DE DÓNDE VIENEN?

Como no es de extrañar, resulta que dicha emoción evolucionó para maximizar las probabilidades de éxito de nuestros genes: es una emoción seleccionada biológicamente para fomentar la certeza sobre a paternidad de la propia descendencia. Por ejemplo, en el hombre un comportamiento celoso esta dirigido a evitar la traición sexual y el consecuente despilfarro de recursos y esfuerzo al cuidar de la prole de alguien más.

¿No les recuerda eso a cuando los leones machos alfa matan a las crías que sus nuevas leonas  tuvieron con otro león que no es él? Pues es exactamente lo mismo, pero en una versión homínida y menos “salvaje”. Por más “inhumano” que pueda sonar, el único propósito de los celos en la pareja es la búsqueda por evitar criar a los hijos de otro, debido a que el objetivo de todo ser vivo es heredar sus propios genes a la siguiente generación… y no los de la competencia.

Y para completar este cuadro, una prueba de por qué los celos aun existen en la especie (a pesar de lo que hemos “avanzado” en el árbol evolutivo) es que algunos autores en el tema de la sexualidad han argumentado que los celos, en manejables proporciones, pueden definitivamente tener un efecto positivo en la función y satisfacción sexual. Estudios han demostrado que los celos algunas veces aumentan la pasión en la pareja e incrementan la intensidad del sexo apasionado. Obviamente, si se ponen a pensarlo un poco.

De cualquier forma, que los celos sean algo natural e instintivo no deja de significar que no son psicológicamente otra cosa más que inseguridad. Así esos celosos y celosas, no intenten justificarse con  la explicación evolutiva. Lo único que mostraran es que aun están ahí abajo en la escalera.

Sobre el blog

El Raptor Blog es el blog oficial de Nelson Razo, un diseñador gráfico experto en desarrollo web que en sus ratos libres se interesa en cómo funcionan los humanos el particular y el universo en general. Y publica lo que aprende en este sitio.

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