Sobre la especie, el universo y todo lo demás.
In: Antropología| Biología| Evolucion
26 Jan 2010
Después de algunas semanas de descanso, este blog vuelve con un tema un tanto filosófico, aunque basada en teorías científicas. Y es que durante unas cortas vacaciones (cortas ya que en mi opinión si no son de al menos 15 días no son vacaciones), tuve tiempo para meditar y estructurar este articulo donde expongo brevemente porque, a pesar de que la vida como la conocemos no es algo tan especial como a la mayoría le gusta suponer, desde cierto punto mucho más interesante nuestra existencia es más especial de lo que normalmente podríamos pensar que es.
Si, suena un tanto paradójico, pero eso es lo que intentaré explicar sin muchos términos técnicos o sin necesidad de que los lectores de esta sección tengan que haber leído a Richard Dawkins, Nassim Nicholas Taleb o Carl Sagan.
Como ya mencioné anteriormente en esta sección, el 2009 fue la celebración de los 200 años del natalicio de Charles Darwin y de los 150 años de la publicación de El Origen de Las Especies, el libro donde Darwin estructuró lo que hoy conocemos como la Teoría de la Evolución: el proceso por el cual toda la vida en la tierra fue haciéndose más y más compleja desde sus inicios, y el proceso por el cual las especies se encuentram en constante cambio para adaptarse a su ambiente y poder heredar sus características a la siguiente generación. Y, aunque innumerables personas la han inclusive demonizado, la teoría de la Evolución explica y comprueba cada día cómo es que la vida, y nosotros incluidos, existimos sin necesidad de un “gran plan” o de ayuda sobrenatural.
Así, la evolución es un proceso con ningún objetivo en específico. No es un proceso que exista para llevar específicamente al desarrollo de una especie en particular. Mucho menos específicamente a nosotros los humanos. A muchas personas que intentan mezclar el concepto de selección natural con el concepto antropocéntrico (es decir, centrado en la humanidad) les gusta afirmar que el propósito final de la evolución de la vida es tener como resultado una especie “compleja” y específicamente tener como resultado a la especie humana. Nada más alejado de la realidad.
Esta visión sin objetivo de la humanidad en particular y de la vida en general puede, desde cierto punto de vista, demeritar nuestra presencia en este planeta. Puede hacer pensar a algunos que en ese caso nada es especial, y bien y podríamos dejar de preocuparnos por existir. Sin ningún “gran plan” muchos pueden desilusionarse de la vida. Sin embargo, somos especiales.
Para comprender este punto más fácilmente solo hace falta mencionar un simple hecho científico cuantificable: si regresáramos la cinta de la evolución de la vida en la tierra y la tocáramos una y otra vez, la probabilidad de que nosotros (como especie humana) fuéramos el resultado de cualquiera de esas reproducciones es infinitesimal. En pocas palabras, somos real y sorprendentemente afortunados. De las miles de millones de posibilidades de especies “complejas” que pudieron haber evolucionado después de los miles de millones de años de vida en la Tierra, nosotros somos la especie “inteligente” actual.
Se estima que por cada especie que existe hoy en el planeta, al menos 100 se han extinguido en el curso de los millones de anos de la vida en la Tierra. No es necesario sacar cuentas muy complejas para darnos cuenta de que la probabilidad de que existamos es casi infinitamente pequeña. Eso sí, en promedio las especies se extinguen cada 2 millones de anos, así que debemos aprovechar esa suerte mientras podamos.
Y no ahondaré en la razón cosmológica de nuestra gran suerte de existir. No lo considero necesario y de cualquier forma no tengo el suficiente espacio en esta sección; eso lo dejare para otra edición. El caso es que el hecho de que nuestra especie haya sido la afortunada de haber evolucionado y de estar aquí no es la única razón para apreciar el existir. Pero explicarles la razón cosmológica implicaría sumergirnos en algo de física cuántica y astrofísica que muchos pueden llegar a sentir algo, por decirlo así, denso.
Pero para buscar otra razón para comprender la gran suerte de que nos haya tocado vivir hoy, no tenemos que ir muy lejos en el tiempo hasta el origen del universo. Estudios e investigaciones siguieren que hace 75,000 años la humanidad se enfrentó a la extinción de la especie. Dichos estudios sugieren, con evidencias fehacientes, que los más de 6 mil millones de personas que hoy poblamos la Tierra somos descendientes de alrededor de solamente 10 mil humanos que sobrevivieron a la erupción del supervolcan Toba en el pacifico asiático, que causo efectos dañinos para la vida humana en todo el planeta.
Así que, si nos gusta pensar que somos especiales, no debería ser por razones metafísicas, religiosas o egocentristas. La verdad es que la única razón por la que debemos sentirnos especiales es porque simple y sencillamente hemos sido afortunados. Increíblemente afortunados. Por ahora.
Alguien por ahí dijo una vez que la probabilidad de que existamos hoy se puede comparar al de un jugador de ruleta rusa que de pura suerte ha sobrevivido varios rounds apuntándose en la sien con una revolver de 9 tiros con una sola bala faltante. Quienes sabemos esto podemos decir que ya es hora de que dejemos de jugar a la ruleta rusa y dejar de depender tanto de la suerte.
Lamentablemente la gran mayoría no lo saben aun, y siguen y seguirán utilizando el mismo método. O a la mejor, más que lamentablemente afortunadamente. Ya lo dirá la evolución dentro de algunos miles o quizás solo cientos de años. O quizás para el 2012. No se crean esta última, solo estoy siendo sarcástico.
In: Antropología| Religion| psicologia
26 Jan 2010
Creo que ya deben haber calculado que no soy seguidor de reducir el conocimiento a pequeñas anécdotas. Sin embargo, para explicar el punto de esta edición, no pude evitar comenzar contando una pequeña historia.
Parece tan distante ese año de 1999. Bil Clinton sobrevivía a su escándalo, el 11 de Septiembre era solamente una fecha como cualquier otra, Zedillo era solamente otro presidente priísta más, y muchos fanáticos del la música pop adoraban a una joven cantante llamada Britney Spears.
Puede que muchos recuerden eso. Pero lo que la mayoría ya olvidó, a solamente poco más de 10 años, es que en esos tiempos había un temor particular en el aire: el problema del Año 2000 (Y2K): el problema de la inhabilidad de las computadoras para leer fechas más allá de 1999, convirtiendo el 1 de enero del 2000 en una pesadilla de proporciones bíblicas.
Según esta (ahora nos parece) alocada teoría, los aviones se caerían del cielo, el mercado de valores colapsaría, las redes eléctricas y los sistemas de agua y teléfono dejarían de funcionar y las plantas de energía nuclear se convertirían en Chernobil 2.0. Los ahorros de los pensionados serían inaccesibles o se borrarían, una cascada de colapsos en las comunicaciones y el comercio crearía escases de alimentos y medicinas que producirían ira y levantamientos de la población de todo el mundo.
Sin embargo, entre los pocos que negaban el problema Y2K estaba Bill Gates, quien no solo declaró que las PC’s con Windows no tendrían problemas al manejar las fechas del nuevo siglo, sino que tuvo la audacia de culpar a aquellos que “adoran contar historias de miedo” para fomentar la ansiedad global. La negación de Bill Gates fue ignorada mientras el gobierno y las corporaciones ponían en marcha costosos esquemas para inmunizar sus sistemas en contra del Y2K.
Y ese es solo el ejemplo racional. No faltaron los fanáticos religiosos que asociaron el susodicho problema de las computadoras al advenimiento del Apocalipsis. Por ejemplo, Reverendo Jerry Fallwel sugirió que el problema del año 2000 sería la confirmación de que profecía cristiana del “Instrumento de Dios para hacer temblar esta nación.”
La fecha pasó y… nada pasó. Con la excepción de algunos que otro problema que se solucionó en la semana, el mundo seguió funcionando. Si no contamos el famoso problema Y2K, 1999 debió ser uno de los años más felices para el mundo en general, sin embargo, si no conocemos nuestras computadoras, menos conocemos nuestros demonios internos. En lugar de disfrutar de cuánto nos facilitan la vida, tomamos las computadoras como un pretexto para alimentar nuestra necesidad de espantarnos por una calamidad que supuestamente se avecina.
Ya que leyeron esto, ¿a qué les suena últimamente? Sí, le atinaron: la susodicha Profecía del 2012.
Ya sé que ya había escrito sobre esto anteriormente, pero, aparte de que esa vez fue solamente una especie de introducción al tema, a diferencia de la mayoría de la gente, yo sí tengo presente que tendemos a olvidar. Y no me refiero al corto plazo cuando se me olvida donde dejé mi Nextel hace solamente media hora. Me refiero a que como seres humanos tendemos a olvidar lo que nos pasó hace algunos años. Ni siquiera muchos.
Ahora mezclen esa tendencia de olvidar lo que pasó hace 10 o 30 años con la necesidad innata (que aún investigo para luego desglosar) de los seres humanos de siempre creer en un apocalipsis futuro que se acerca pronto. Y para los que piensan lo suficiente, no crean que no tomo en cuenta que una de las razones de existir de las profecías de apocalipsis es simple y llano control a través del miedo. Es verdad que los escenarios apocalípticos funcionan como una pantalla a los problemas reales como la pobreza, la corrupción gubernamental, o los colapsos de sistemas financieros, problemas que realmente necesitan atención. Pero, desde mi punto de vista esa es solamente una de las consecuencias de la necesidad humana de tender a creer en su propia destrucción por catástrofes futuras sin pruebas tangibles o comprobables.
Existe algo muy profundamente implantado en nuestra historia evolutiva que hace que los humanos tiendan a creer ese tipo de historias, exactamente de la misma manera que existe la tendencia humana a olvidar hechos importantes después de algunas décadas. El pasado nos lo ha comprobado una y otra vez: el colapso de los Mayas, la desaparición de la civilización de la Isla de Pascua, la extinción de ciertas especies a causa de la actividad humana, el despilfarro de dinero en campañas innecesarias. La lista es larga.
Ahora bien, muchos pueden pensar: eso fue en el pasado, ahora tenemos la tecnología y los métodos para recordar lo que hicimos antes. Pues resulta que el problema del Año 2000 fue hace solo 10 años. Y hace solo 10 años ya teníamos al menos un siglo de tecnología, de educación y de archivos históricos. Sin embargo, ya lo olvidamos. Y ahora creemos en que dentro de 2 años llegará una nueva tragedia global. Y, si se ponen a investigar, está pasando exactamente lo mismo que hace 10 años. Las religiones apocalípticas están relacionando sus propias escrituras con el 2012, los fanáticos religiosos mueven los temores de sus seguidores en relación con esa fecha… y hasta existe hoy una nueva forma de hacer creer en el Apocalipsis de manera “científica” (y noten las comillas).
Ahora resulta que varios “expertos” racionalizan científicamente la catástrofe del 2012 con teorías basadas en pseudociencia que encandila hasta a algunos que no lo creerían de la manera tradicional. Vean a veces el History Channel y sabrán a lo que me refiero. El centro de la galaxia, la superactividad solar, la alineación del brazo de Orión… bla, bla bla. Hasta a mí me parecen a veces una romántica y bien construida historia de ciencia ficción. Sin embargo, cuando me doy cuenta de que mucha gente se la cree íntegramente… ya no me resulta tan romántica.
Pero… lo peor es que esto no es lo peor. Esto es solo en los casos de Finales del Mundo que nunca llegan. Lo peor es que este mismo patrón se apodera de nuestro conocimiento de las tragedias reales. Tragedias como las causadas por terremotos, epidemias, fanatismo religioso, huracanes, corrupción gubernamental, guerras, colapsos financieros. También tendemos a olvidar que pueden pasar. Antes como ahora. Y, antes como ahora, por lo mismo pasan. Pero los volvemos a olvidar. Ya no vivimos menos de 40 años, ya tenemos un sistema de archivo histórico, un sistema de comunicación global… y sin embargo lo olvidamos.
Pero, hey, como digo muchas veces ¿qué le vamos a hacer? La gente no dejará de creer en Santa Claus, en el Apocalipsis, en la profecía del 2012, en los horóscopos, en Dios… para el caso es lo mismo. Como dijo por ahí Homero Simpson: “¡Marge! ¡Yo soy solo un hombre!.”

Seguramente, si siguen este blog con regularidad, ya me habrán leído escribir sobre Charles Darwin. Ha resultado ser una persona recurrente en los variados temas que he expuesto aquí por una simple y sencilla razón: por lo que hizo. Y lo que hizo es lo que pretenderé explicar en el corto espacio de este post del Raptor Blog, de la manera más simple posible.
Lógicamente, el legado de Darwin es tan importante que comprenderlo completamente sería objeto de mucho más que una edición especial de Códice dedicada al naturalista inglés que publicó “El Origen de las Especies”. De cualquier forma, intentaré resumir la importancia de su legado, más no la Teoría de la Evolución misma, ya que eso, como ya he escrito antes, es harina de un gran costal que difícilmente comprenderían el 80% de los lectores aun si se interesaran en ello.
El caso es que (como en toda teoría científica que se encuentra en el camino correcto) el principio básico es simple, mucho más simple de lo que muchos desearían aceptar. Básicamente la importancia de la Teoría de la Evolución es ésta: nos dice de dónde venimos, cómo llegamos aquí, a dónde vamos… e incluso por qué. Y no me refiero solamente a “nosotros” como humanos, sino a nosotros como seres vivos. Desde el virus más insignificante hasta el ecosistema más complejo del planeta.
Sí, todas esas preguntas que alguna vez (y que para muchos de hecho aún son) fueron preguntas filosóficas, metafísicas o religiosas, pueden ser explicadas de manera relativamente simple (y comprobadas de una y mil formas) por la Teoría desarrollada por Charles Robert Darwin . Y digo desarrollada ya que Darwin no “inventó” la evolución.
La idea de que los organismos cambian con el tiempo y que podían descender de ancestros que una vez fueron diferentes a ellos ya había sido propuesta por algunos científicos y pensadores mucho antes de que Darwin trabajara en ella. Sin embargo, la mayoría de esas especulaciones se quedaron en eso. Algunas inclusive dejaron de desarrollarse al ser bloqueadas por líneas filosóficas que de una o de otra manera estaban influenciadas por la concepción esotérica o religiosa del universo.
La importancia de lo que hizo Darwin radica en que, aun habiendo sido él un cristiano que creía en las enseñanzas de la iglesia, pudo darse cuenta de que lo que encontraba y a las conclusiones que llegaba lo hacían encontrarse de frente con lo que la ciencia establecida (y entremezclada con la religión) rezaba como leyes de la biología y el universo. Recordemos que científicos anteriores (como Galileo) ya se habían encontrado en situaciones parecidas. Lo destacable del caso de Darwin es que sus ideas no solamente refutaban la idea de cómo se movían los planetas, sino se trataba de explicar la vida misma y cómo llegó a ser como es, lo que la Biblia siempre clamó explicar con sus fantasiosas historias que se tomaban como hechos irrefutables en esos tiempos.
En su búsqueda de coherencia de las pruebas que tenía y que constantemente encontraba incluso en su propio jardín, Charles Darwin logró comprender los factores que llevaban a los seres vivos a cambiar con el tiempo y, como después fue conocido, a adaptarse. Y además, aunque en sus tiempos no se conocía el método por el cual la herencia se trasmite (los genes), en el desarrollo de su teoría, Darwin propuso las bases de lo que hoy conocemos como herencia genética, o en otras palabras lo que hace a los seres vivos trasmitir sus características a su descendencia.
Así las cosas, la principal importancia de Darwin mismo es que con su intelecto, curiosidad y necesidad por encontrar explicaciones, logró hilar ideas y observaciones tanto de su propia como de otros investigadores. Logró condensar todas esas ideas en un libro que vendería millones de copias a través de los siglos, y lo hizo todo en un tiempo y lugar donde la idea tradicional del origen y el orden del universo era la que predominaba, incluso en su familia misma.
Así que, aún si Darwin no hubiera propuesto que los humanos descendíamos que de los monos (cosa que no propuso en ese contexto y que simplemente fue derivado de sus ideas), el naturalista más famoso de la historia sería aún un personaje importante en la historia de la ciencia debido no solo a lo que ya se ha comprobado sobre la relevancia y exactitud de su teoría, sino a la manera en que deja siempre abiertas las posibilidades para ser comprobada una y otra vez en el futuro.
Ninguna teoría científica (con excepción si acaso de la Teoría de la Relatividad) permea en la visión humana del universo como lo ha hecho, lo hace y lo seguirá haciendo la Teoría de la Evolución de Charles Darwin.
Para comprobarlo simplemente deben seguir leyendo este blog. Seguramente aprenderán a hilar los hechos así como Darwin lo hizo. Bueno… tampoco es para tanto.
In: Antropología| Evolucion| psicologia
15 Dec 2009
Para quienes no lo sabían, 2009 es no solamente el Año Internacional de la Astronomía, sino también el Año de Darwin, que conmemora el 200 aniversario de su nacimiento y el 150 aniversario de la publicación de “El Origen de las Especies”, precisamente un 24 de Noviembre.
Aunque no había mencionado ese detalle en posts anteriores, si siguen este blog, ya debieron sacar la conclusión de que varios de los temas que he publicado se relacionan de alguna manera con la biología evolutiva, una rama de la biología descendiente directa de la ideas de Charles Darwin y ahora con su propia ramificación de disciplinas. Esa ha sido mi manera de celebrar el bicentenario del padre de la teoría de la evolución.
Precisamente uno de esos temas fue el cual en el que expliqué cómo es que la evolución nos ha heredado ciertos instintos sobre los que tenemos poco o nada de control, pero que nos ayudan a lidiar con el mundo que nos rodea o a interactuar con otras personas; como la habilidad de leer mentes. Y no se preocupen, si les interesa y se perdieron ese post, siempre pueden consultarlo en este blog.
Esta vez, a manera de pequeña comprobación de lo que expuse en esa edición sobre leer mentes, (y que conste que solo es una, ya que hay muchas, a diferencia de lo que dicen quienes se niegan a creer que como homínidos somos primos del mono) presento un ejemplo que prueba que la selección natural es sabia y si nos ha dado algo es porque ha funcionado bien hasta ahora. Aunque claro, no es perfecta, pero eso será tema de otra edición, ya que es como dicen, harina de otro costal.
El mundo de un autista
El ejemplo clásico (y que pueden probar por sí mismos si se lo proponen) de lo que pasa cuando perdemos la habilidad de leer la mente de otros es la condición del autismo. Producto de un desorden en el desarrollo del cerebro, cuando alguien es autista, esa persona está prácticamente “ciega de la mente”. La gente con autismo encuentra difícil, sino es que imposible, hacer lo que instantánea y naturalmente podemos hacer para interactuar con nuestros semejantes.
Para quienes no conozcan a algún autista, deben saber que dichas personas tienen dificultad a la hora de interpretar pistas no verbales como gestos o expresiones faciales, o adivinar lo que alguien más piensa, o entender otra cosa aparte del significado literal de las palabras. Su aparato de primeras impresiones (la parte que instintivamente nos dice si alguien nos cayó bien o mal) está literalmente deshabilitada. Así que sucede que analizando la forma en que un autista ve el mundo nos da una buena idea de lo que pasa cuando no podemos leer la mente de otros o, en otras palabras, lo que sucede cuando algo que la evolución nos ha dado falla o solo funciona a medias.
Para aclarar de una vez el punto, debo recalcar que un autista no es necesariamente alguien de baja capacidad consgnoscitiva, es decir, alguien coloquialmente conocido como tonto. De hecho, muchos autistas son inclusive más inteligentes que muchas personas “normales”. Un autista básicamente tiene el problema cerebral de no hacer las conexiones instintivas relacionadas con las relaciones interpersonales. Literalmente, un autista es una persona que difícilmente sale de su propio mundo, producto del bajo o nulo desarrollo de la parte del cerebro que nos provee de la capacidad de discernir lo que otros piensan o sienten y actuar o pensar en consecuencia.
Dos hombres y un apagador
En un famoso y simple pero exitoso experimento, el doctor Ami Klin puso a un autista llamado Peter a ver una película. La película consistía en cuatro personas (2 hombres y 2 mujeres) platicando en un cuarto. Klin le puso a Peter un sombrero con una cámara que analizaba lo que veían sus ojos durante toda la película. De esta manera, el Dr. Klin podía trazar una línea que siguiera los puntos en las escenas en los que Peter centraba su mirada.
En una escena donde uno de los personajes le pregunta a otro quién hizo una pintura (de tres que había en la pared) señalándola con el dedo, una persona normal (es decir, sin autismo) vió primero al rostro del que preguntaba, luego a la pintura, luego al rostro del cuestionado y de regreso al del que preguntaba. Sin embargo, la línea de visión de Peter reveló que ésta comenzaba en el cuello del que preguntaba, pero en lugar de pasar a la pintura debido a que el personaje apuntaba hacia ella con su mano, la mirada de Peter pasó de pintura en pintura de las tres que había en la pared. Mientras Peter trataba de saber a qué pintura se refería el personaje, la conversación en la escena pasó a otro tema.
Por si esto fuera poco, en la mayoría de las escenas de conversación, la mirada de Peter no solo no veía hacia los rostros de los protagonistas, si no que se centraba en un apagador que se econtraba en la pared.
Imaginen ahora cómo puede ser la vida social de alguien que no tiene la capacidad de intuir a lo que se refiere su interlocutor a menos que le diga verbal, explícita y específicamente lo que desea comunicarle. Bienvenidos al mundo de un autista… y a una prueba más de que dependemos más de los instintos primitivos de lo que desearíamos aceptar.
In: Internet
21 Nov 2009
Hace 5 años, el 9 de Noviembre de 2004, un navegador de código libre llamado Mozilla Firefox (uno que no venía por default en tu computadora) estuvo disponible en su versión 1.0 para descargarse. Desde su salida, para sus usuarios, este navegador ha cambiado la forma en que consultan la red de redes, y por más de una razón.
Aunque el dominio de Internet Explorer (el navegador que viene por default desde ya hace más de una década en todas las computadoras con Windows) será difícil de superar (64.4%), Firefox ya ha alcanzado la cuota de 24.07% del mercado de navegadores de internet en el mundo. El navegador del zorro en flamas es seguido por Safari de Apple (con el 4.42%) y por Chrome de Google, que ya ha alcanzado una cuota del 3.58% de los usuarios.
El dominio del navegador de Microsoft ha estado bajando lentamente en los últimos años, de modo que hoy Firefox ya ha alcanzado la cuota de la versión 6 de Internet Explorer. Esta, a pesar de ser la versión más antigua (y por muchos odiada) de Explorer, aun sigue siendo usada por un tercio de los usuarios de ese navegador, en mucha parte debido a que no actualizan su sistema operativo Windows.
Los usuarios de Firefox, en cambio, utilizan en su mayoría la última versión, debido a que el navegador de la Fundación Mozilla se actualiza constante y fácilmente, una de sus principales ventajas sobre el de Microsoft.
Otra de las ventajas, y la que le ha ayudado a conseguír cada vez más usuarios, es que, al ser de código libre, cualquier programador o usuario en el mundo puede aportar sus ideas para mejorar Firefox, lo que lo ha hecho uno de los más estables y confiables navegadores web, sin contar con el hecho de que puede ser expandido descargando complementos para cientos de necesidades específicas.
Salido del proyecto original de navegación web llamado Mosaic, a Firefox además le precede una larga historia al haber sido la continuación de uno de los más famosos navegadores: el ahora extinto Netscape, que una vez tuvo la mayoría de los usuarios de internet, antes del dominio de Internet Explorer.
Una vez categorizado como el navegador que utilizaban solamente los expertos en desarrollo web e informática, Firefoz parece ya estar listo para conquistar el mundo… después de todo, en Códice es el que usamos.
Firefox, y cualquiera de sus complementos, pueden ser descargados gratuitamente desde el sitio web oficial de la Fundación Mozilla en: www.mozilla.com.
Después del tema científico del post pasado, ahora vuelvo a un asunto mucho más práctico del mundo de la mercadotecnia (otro de mis intereses principales, por si no se habían dado cuenta), y más específicamente con un tema que interesa a cualquier empresario o emprendedor que en estos tiempos se siente un tanto desconsolado debido a la crisis económica que aun no se quiere apaciguar. Obviamente el tema de esta edición también es interesante para cualquier persona que se intrigue por la manera en que la publicidad es afectada por los malos tiempos económicos.
La decisión “lógica”
Es práctica común que cuando un negocio se encuentra en tiempos de crisis, se busca recortar y maximizar los gastos en todos los departamentos posibles. Y el departamento (si es que se tiene uno) de Publicidad es el primero en sufrir los recortes. Por alguna extraña razón, a todo empresario le resulta lógico pensar que la publicidad es algo de lo que se puede prescindir durante tiempos difíciles. Supongo que esos empresarios son del tipo de los que piensan que la publicidad es un gasto, y que al ser un gasto puede considerarse innecesario en tiempos de recorte de presupuesto. Nada más alejado de la realidad.
La publicidad, aunque suene a cliché trillado, no es un gasto: es una inversión. La publicidad, en pocas palabras y para no hacer larga la explicación (que tiene mucha tela de donde cortar, por cierto), es el medio por el cual los posibles clientes saben sobre el producto o servicio que se intenta vender. Y no solo eso, la publicidad es el medio por el cual los clientes que ya saben que existimos mantienen en su memoria la idea del producto o servicio. Si no lo creen, pregúntele a Coca Cola: una marca tan arraigada en la mente de su mercado, sigue gastando y siempre gastará millones en publicidad. ¿Por qué? Porque por más arraigada que esté una marca, sin publicidad simplemente sucumbiría ante la competencia en relativamente poco tiempo. Y esto nos lleva a las razones por las que en tiempos de crisis recortar los gastos de publicidad es uno de los más grandes errores para cualquier negocio.
Crisis significa oportunidad
Para comenzar, si nos ponemos a analizar el problema lógicamente y sin utilizar el “sentido común” tradicional, nos podremos dar cuenta de que recortar los esfuerzos publicitarios en tiempos difíciles es simplemente ilógico. Para poner un ejemplo simple y no entrar en detalles que muchos no puedan comprender, ilustraré el asunto con una anuncio que ví hace mucho tiempo en un sitio web del cual ya ni recuerdo el URL.
En el anuncio salía un avión de pasajeros encaminándose a una fuerte tormenta. La aeronave de repente se empezaba a bambolear por efectos de la gran turbulencia y los rayos le caían a su alrededor. Entonces una voz decía: ¿Cree usted que es el momento de apagar uno de los motores? Después de eso salía un mensaje escrito que decía “En tiempos difíciles, seguir haciendo publicidad le puede ayudar.”
En otras palabras: la publicidad es uno de los motores del negocio. Si se corta esa inversión, no se tendrá una manera de salir del agujero una vez acabada la tormenta. O puede que ni siquiera se pueda salir de ella antes de que termine.
Otra de las grandes razones por la que seguir invirtiendo en publicidad (o incluso invertir más en ella) en tiempos de crisis es la lógica razón de que como la mayoría de los negocios están en la misma crisis y decidirán recortar sus gastos (porque todo el mundo se guía por el “sentido común”), quien ose a seguirse anunciando tendrá una gran ventaja tanto en el corto como en el largo plazo. ¿Por qué?
Diversas investigaciones han comprobado a través de la historia que las empresas que se publicitan de manera consistente obtienen los mejores resultados después de pasada la tormenta. Un estudio de Mac Graw Hill Research que analizó 600 empresas desde 1980 a 1985, encontró que las ventas de aquellas que eligieron mantener o incrementar su gasto en publicidad durante la recesión de 1981 a 1982 eran significativamente superiores con la recuperación económica. Concretamente, las ventas de las empresas que durante la recesión habían hecho publicidad agresivamente superaban en un 256% a las de aquellas que cancelaron su publicidad.
En palabras vagas y coloquiales podremos resumir este punto citando el famoso refrán que reza: “Cuando el gato sale, los ratones hacen fiesta”. Bueno, la idea es esa, como decía el Chapulín Colorado.
La importancia de la publicidad
Pero ¿qué es lo que pasa cuando un negocio deja de anunciarse en tiempos de crisis para cuidar su economía? Cuando se reduce la inversión en publicidad, se deja un vacío en la mente de los consumidores; un vacío que los vendedores agresivos pueden aprovechar… si es que se animan a hacerlo. En este contexto, podemos ver las cosas desde el punto de vista que dice que los problemas no existen, ya que son simplemente oportunidades para ser creativos. Sé que suena también a cliché, pero esta es una de esas ocasiones en la que se convierte en una simple realidad y de la que realmente se puede sacar algo práctico y alcanzable.
El punto es que, muchas veces es necesario no dejarnos llevar por lo que el “sentido común” nos dicta, o por lo que les dicta a todos los demás. En tiempo de crisis especialmente es bueno salir de la burbuja y ver las cosas desde un ángulo más amplio. Hay que recordar que la meta de la mercadotecnia y de cualquier negocio es que sus productos sigan siendo preferidos de los consumidores, con o sin crisis, y mucho más después de una. Es necesario favorecer las decisiones de marketing estratégico por encima de aquellas puramente financieras. En otras palabras, tener visión a largo plazo. Si se quiere un negocio prospero por mucho tiempo, claro.
Si aun después de las evidencias presentadas piensan que pueden prescindir de la inversión en publicidad durante tiempos de crisis, les dejo el siguiente dato: para las empresas que recortan su publicidad y comunicación en tiempos de crisis, el costo de recuperar su cuota de mercado cuando la economía se levanta, podría ser cuatro o cinco veces superior al ahorro conseguido. Ahí saquen la cuenta.
Lo Dijo Einstein
“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos.
La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ’superado’.
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.
La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos.
Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.”
El Raptor Blog es el blog oficial de Nelson Razo, un diseñador gráfico experto en desarrollo web que en sus ratos libres se interesa en cómo funcionan los humanos en particular y el universo en general. Y publica lo que aprende en este sitio.