El sexo existe para tener hijos. Punto. Sin importar lo que a la gente le guste pensar o lo que la sociedad “civilizada” (y dicho sea de paso, la mercadotecnia) hayan comenzado a dictar desde hace ya varios siglos, el hecho de que el sexo sea disfrutable no es su fin sino simplemente un medio para el fin. Y ese fin es la reproducción de la especie.

Las especies perduran en el planeta gracias a la reproducción, y en el caso de los humanos (y para el caso casi todas las especies de animales complejos) a la reproducción sexual. Simplemente es la forma que la evolución encontró para ayudar a perpetuar las especies a través de las generaciones. Y la base es simple: los machos deben buscar una (o varias) hembras para poder copular con ellas y que cuiden a su descendencia; las hembras deben buscar un macho que les ayude a criar a sus retoños y que, si es posible, pueda heredarles genes exitosos.

Y lo que ha funcionado con el tiempo para que nuestra especie se reproduzca es que caemos en un engaño. Este engaño consiste en el hecho de que el sexo es disfrutable, divertido y, por consiguiente, deseable. Obviamente si las personas buscan tener sexo porque lo disfrutan, muchas de esas veces resultaran en un embarazo. Y ese es el engaño. Es como el pez de las profundidades que prende su lucecita para llamar la atención de un pez más pequeño y que cuando llega se da cuenta muy tarde de que era una trampa.

El engaño doble
Para hacer las cosas más complicadas la naturaleza ha implementado un engaño más en el caso especial de la reproducción de los seres humanos. Como ya he escrito sobre esto anteriormente, esta vez solo lo resumiré rápidamente: nos tenemos que enamorar. O mejor dicho, tenemos que caer en la ilusión de lo que la gente conoce como amor.

Para tener más probabilidades de que la pareja que tendrá sexo, y por consecuencia un hijo, lo cuide hasta que se desarrolle para ser hasta cierto punto independiente, lo que ha funcionado para la evolución es la treta de que la pareja se enamore, es decir, que no solamente sientan la atracción sexual inicial sino que después de unos meses de compartir su vida sientan una conexión mucho más profunda y por ende duradera. Y esa conexión (que en promedio dura 5 años, el tiempo suficiente para que un niño ya no necesite tantos cuidados) es lo que llamamos enamoramiento.

Así que en pocas palabras, no solo el sexo existe para tener hijos, también el enamoramiento existe para el mismo propósito. Al igual que el hecho de que el sexo sea disfrutable no es el fin, el hecho de que el enamoramiento sea disfrutable y nos haga sentir felices tampoco lo es. En pocas palabras, los humanos son engañados doblemente con el fin de que se reproduzcan. Y el lado que siempre ha tenido problemas con ello (aunque ni se den cuenta) es el femenino… y muchos más desde hace unos siglos con el advenimiento de la “era moderna”.

El amor en tiempos modernos
Aceptémoslo: las mujeres son las que más se enamoran. A muchos esta frase les parecerá demasiado obvia, pero es necesario verla desde el punto de vista de las “Teresas”: ellas juran que no. Ellas juran que no se enamoran fácilmente y de que solo utilizan sus “encantos” para conseguir una buena vida y tienen sexo solamente por diversión. Pero nunca podrán contra su naturaleza y deben de enamorarse, muchas incluso más que las que no son tan “Teresas”.

Y ¿cuál es la naturaleza de las mujeres que hace que se enamoren más que los hombres? El simple hecho de que existen para concebir y criar a los hijos. Aquí se que una que otra “feminista” están poniendo cara de indignación, pero por favor aguántense, eso lo dejaré para otra edición, y de hecho no les va a gustar pero no van a poder negarlo de todos modos.

Así que el problema entre las mujeres y el sexo en la modernidad es el hecho de que de un tiempo a la fecha ya no es necesario tener sexo simplemente para tener hijos. Es decir, la comodidad de los tiempos modernos ha afectado a la psique de las mujeres al punto en que les gusta frenar ese instinto que les dice que el sexo es para tener hijos, y les gusta pensar que (como ya existen los anticonceptivos) el sexo es en sí para disfrutarse.

Y antes de que aleguen cualquier cosa, esto también puede aplicarse a los hombres, claro, pero el hecho de que en el hombre el enamoramiento sea menor solamente prueba que el problema, bien o mal, es principalmente femenino, por las mismas razones que describí anteriormente. Así, que, para bien o para mal, la evolución no es y nunca será equivalente para ambos sexos. Y en este caso quienes las llevaron fueron las mujeres.

El dilema femenino eterno
Así, siguiendo con lo que comenzamos el post anterior, todo lo ya mencionado se mezcla en una forma un tanto compleja de tal modo que dota a las mujeres de un conjunto de complicaciones psicológicas, la situación de la que nació el famoso dicho: “A las mujeres no hay que comprenderlas, solo hay que quererlas”.

Como ya vimos, por naturaleza las mujeres están genéticamente diseñadas para buscar en el sexo opuesto dos características que muchas veces son opuestas: buenos genes y un hombre proveedor. Esto normalmente no es un problema debido a que al final, el enamoramiento y el interés gana y la tendencia (para una relación a largo plazo) es decidirse por un hombre amoroso y proveedor, independientemente de que sea o no “guapo” o físicamente el modelo deseado.

Sin embargo, dependiendo del tipo de personalidad de la mujer, esta última tendencia puede ganarle a la primera. Si la mujer es del tipo de personalidad Artesana, es decir el tipo de persona que se deja llevar mucho más por sus deseos y por el momento, las probabilidades están del lado de que se convierta en una “Teresa”. Y pregunten de cual tipo de personalidad existen más humanos sobre la Tierra: Artesanos.

Y todo estaría bien, salvo por el hecho de que aunque su tipo de personalidad sea Artesana, el instinto de ser mujer y de necesitar enamorarse para tener hijos ganará el 99% de las veces. Y ese siempre será su trauma eterno: la lucha entre su tendencia a no importarle nada más que el momento y el instinto evolutivo de necesitar una relación estable.

Así que en pocas palabras, el famoso dicho de que no hay que entenderlas solamente ha hecho que se traumen más con el paso del tiempo… y que obras de teatro como “Los hombres las prefieren cabronas” sean tan populares, a pesar de que sean enfocadas erróneamente.

TeresaTodo México habla de ella. La telenovela que lleva su nombre es considerada “polémica” y “novedosa”. Unas la “apoyan”, otras la “odian” y otras más se inclinan hacia uno de los dos lados pero no lo expresan o ni siquiera se dan cuenta de que lo hacen inconscientemente.

Quienes ya han comprendido la razón de ser y el enfoque de este blog no tienen por qué estarse preguntando: ¿Y ahora porqué Nelson quiere hablar de algo tan mundano como una telenovela? Esos lectores ya saben lo suficiente como para pensar: “OK, seguramente le encontró el lado científico al la cascos ligeros de la Teresa”. De cualquier forma, casi estoy seguro de que ni se imaginan el enfoque esta vez debido a que es algo tan obvio que normalmente se da por sentado sin analizarse o se mantiene como tabú sin hablar sobre ello.

Y para comenzar, es necesario dejar en claro por qué es que se me ocurrió escribir sobre esto: la verdad a mí no se me ocurrió. Recibí tantos comentarios acerca de esa telenovela, preguntas sobre qué opinaba yo sobre el asunto, y propuestas sobre escribir al respecto, que no tuve otra más que analizarlo y publicar sobre “esa hembra” que “es mala”. Naturalmente, la mayoría de quienes me sugirieron escribir sobre esto esperaban que “destapara” el “mal” comportamiento de las Teresas del planeta. Pero, como siempre, la verdad es un poco más complicada y al final más simple de lo que la mayoría supone. Les guste o no. Así que luego no digan que no les advertí.

Historia Darwiniana
Para que de una vez se vayan haciendo a la idea: este es uno de los hechos de la vida que más dejan en claro que somos producto de la evolución homínida y que aun llevamos muchos de esos genes “primitivos”, aunque quiera la gente pensar que somos especiales. Lo acepten o no: los primates son nuestros primos.

No estamos para ninguna otra cosa más que para seguir propagando nuestros genes y esperar que sea nuestra descendencia (y no la de otro) la que siga viva mientras la especie exista en la Tierra. Y lo mismo para cualquier especie, como les digo, no somos especiales. Dejado esto en claro, ahora sí les contaré una historia primitiva que les recordará mucho al presente, a pesar de haberse desarrollado hace mas de 100,000 años.

Eran los “tiempos de las cavernas”. Los hombres construían sus herramientas y salían a cazar. Las mujeres recolectaban frutos, raíces y cuidaban a sus hijos. Esos cazadores de una o de otra forma competían entre ellos para determinar su nivel jerárquico en la tribu (aldea, o como quieran llamarle). Quienes conseguían más comida (o más fácilmente) eran los que, al regresar de la cacería, llevaban más alimento a su cueva, en la cual podían mantener a su pareja con más de un hijo. Obviamente quienes más comida conseguían más probabilidad tenían de compartir esa carne con otras personas de la aldea… específicamente con otras mujeres o con las mujeres de otros.

Las mujeres (diseñadas genéticamente para concebir la progenie de la especie) que más probabilidades tenían de tener descendencia eran quienes elegían (consciente o inconscientemente) a los cazadores más hábiles como pareja y así poder mantener mejor a sus futuros hijos.

Así que los hombres solamente se tenían que preocupar por escalar en la cadena jerárquica consiguiendo más  y mejor comida, y las mujeres solamente tenían que preocuparse por copular con los miembros de la aldea con más posibilidades de mantener a sus hijos. Así de simple. Obviamente existen muchos detalles que no hay tiempo en este post de mencionar, pero el caso es que la trama general seguía esta línea.

La misma historia
Y la sigue aun. La cruda realidad es que cientos de miles de años después, poco cambio genético ha habido desde que éramos cazadores-recolectores. Profundamente en el cerebro de cada hombre moderno común se encuentra una simple regla: esfuérzate por adquirir riqueza y úsala para conseguir una esposa propia, y a las esposas de otros hombres para que críen bastardos. Comenzó con el hombre que compartió una pieza de preciado pescado con la esposa de otro miembro de la aldea con el fin de tener un corto affair, y continúa con una estrella Pop que sube a una modelo en su Mercedes. En pocas palabras, la riqueza y el poder son medios para conseguir mujeres, y las mujeres son el medio para la eternidad genética.

De la misma forma, muy profundamente en la mente de la mujer moderna existe una regla simple que no ha cambiado demasiado: esfuérzate por conseguir un esposo que invertirá alimento y protección para tus hijos, y al mismo tiempo esfuérzate por encontrar un amante que pueda darle a esos hijos genes de primera clase. Solamente si es muy afortunada ambos serán el mismo hombre.

Comenzó con una mujer que se casó con el mejor cazador soltero que encontró en la tribu y tuvo un affair con el mejor cazador que ya era casado, asegurándoles así a sus hijos una rica provisión de comida y mejores genes. Continúa con la esposa de un millonario que cría a un hijo que crece para parecerse a su forzudo guardaespaldas. Los hombres son para ser explotados como proveedores de cuidados paternales, riqueza y genes.

Teresa: el resultado lógico
Ahora bien. Si que ambos sexos sean promiscuos es lo natural ¿por qué se considera “malo” ser promiscuo? Para comenzar, no malinterpreten. En ningún momento escribí que ser promiscuo es la regla, sino que la regla con la que funcionan ambos sexos incluye la posibilidad de serlo. La realidad es que la evolución ha encontrado con el tiempo que la monogamia es lo que mejor ha funcionado para poder criar a los hijos humanos. Bueno, la monogamia general con una mezcla de promiscuidad aquí y allá. Digamos, 70% – 30%.

Y aquí viene el problema femenino con la promiscuidad: es una disonancia entre el hecho de que la evolución la diseñó genéticamente para “enamorarse” (y así poder criar mejor a sus hijos en pareja) y el hecho de que en el mundo moderno ya no es necesario vivir sólo para tener hijos. Verán que ese solo hecho es lo que crea a las modernas “Teresas” de las que tanto se queja la sociedad (e inclusive ellas mismas), pero que sin embargo nunca dejarán de existir.

Pero eso, debido a que se acabó el espacio aquí, es tema para el siguiente post.

PersonalityHace ya algún tiempo, una persona me expresó que le molestaba que, cuando la acababan de conocer, muchas personas tendían a pensar que ella era como la compañía que acostumbraba, es decir, que era igual sus amig@s. Y, aunque muchos recordarán rápidamente el famoso dicho “dime con quién andas…” (y aunque pueden tener razón desde un punto de vista), de lo que esta vez escribo no es de la polémica sobre que “quien con lobos anda a aullar se enseña”.

Y no escribo sobre eso ya que, aunque en realidad explica en parte este tipo de casos, mis análisis van siempre más allá de lo que se considera el sentido común o cultura general. Esta vez expandiré los temas de los que anteriormente ya había publicado: nuestro instinto poco apreciado de leer mentes o de predecir el futuro de una relación sin haber analizado suficiente información al respecto.

La verdad es que muchas de las veces, y especialmente cuando tratamos con personas, la primera impresión cuenta mucho y puede decirnos más de lo que estamos acostumbrados a pensar que nos dice. Siempre ha existido la famosa frase que dice: “no juzgues a un libro por su portada”. Pero, la realidad es que SIEMPRE vamos a juzgar un libro por su portada, para bien o para mal así funcionan los humanos.

Y digo para bien o para mal porque con “la portada” no me refiero solamente a la apariencia física (es decir color de piel, forma de vestir y eso), sino también a esas partes de la persona que podemos notar consciente e inconscientemente desde la primera vez que las conocemos. Y a eso precisamente me refiero con que nunca dejaremos de juzgar por “la portada”.

Lo que podemos con lo que tenemos
El funcionamiento del cerebro humano es limitado. Puede ser la más poderosa máquina del planeta, pero debido a que no lo aprovechamos en todo su potencial (al menos no la mayoría de las personas), tiene que trabajar con sus limitaciones. Y una de esas limitaciones es que no puede procesar toda la información que debiera en todas las circunstancias. Igual que las computadoras, tenemos un límite de cálculos por segundo que podemos hacer. Y precisamente debido a eso es que la evolución nos ha dado atajos para poder lidiar con situaciones tan variadas como decidir sobre un auto y que nos caiga bien o mal una persona que acabamos de conocer.

Supongo que todos han tenido alguna vez esa sensación de “esta persona me cayó muy bien”, cuando solo intercambiaron una frase de saludo. ¿Cómo puede alguien pensar que alguien que acaba de conocer le cayó bien si sólo intercambió un “Mucho gusto”? ¿Qué no se supone que no podemos saber si una persona nos cae bien o mal si aun no al conocemos lo suficiente? ¿Qué no debemos juzgar a un libro por su portada?

Y no, no debemos, pero es lo que podemos hacer con lo que tenemos. Y la verdad es que, en muchos de los casos, funciona. No digo que en todos, que quede claro. Igual que el hecho de creer que existe Dios es resultado de un método cognitivo que evolucionó en nuestro cerebro para lidiar de la mejor forma que pudo con otros tipos de problemas (como huir de un posible lobo en medio del bosque oscuro), el sentir que conocemos cómo es una persona sin haber pasado mucho tiempo con ella también tiene sus fallas en ciertas situaciones o individuos.

La falacia de “pasa un tiempo con ellos”
¿Si tu jefe te pidiera que evaluaras a un candidato a un puesto en su empresa, cuál de las siguientes dos opciones escogerías? La primera: conocer a esa persona por una semana, haciéndote su amigo; o la segunda: estando media hora en su departamento sin que el candidato esté ahí o pueda opinar mientras analizas su hogar?

La respuesta que puede sonar lógica para la mayoría es la primera: para conocer a alguien hay que pasar considerable tiempo con ella y conocerla en distintas situaciones. Pero la realidad es que el sentido común en muchos casos no es confiable y se convierte en simple cliché. Y este es uno de ellos. Estudios psicológicos han demostrado que, para lo que es realmente importante conocer sobre una persona, quienes utilizaron el segundo método describieron mucho mejor la personalidad del dueño del departamento que los que se hicieron sus amigos para conocerlo.

Lo que esto nos indica es que, a pesar de lo arraigado que está la idea de que debes pasar mucho tiempo con alguien para conocerlo, la realidad es que la personalidad no es más que una serie de patrones que, si uno sabe distinguirlos, nos dicen mucho de una persona a la primera y sin necesidad de ocupar mucho tiempo en discernirlos. ¿Cómo? Debido a que los patrones son estables y, en la mayoría de los casos, son algo innato, es decir, genético.

Como ya lo he escrito varias veces, la mayoría de lo que somos es producto de la herencia, eso incluye las tendencias a desarrollar ciertos hábitos y estilos de personalidad. Y eso no lo podemos cambiar. O es muy difícil. Y aparte se nota en nuestra persona, consciente o inconscientemente. Nos demos cuenta o no, expresamos y mostramos partes de nuestra forma de ser en lo que decimos, como lo decimos, lo que hacemos y como lo hacemos. Y eso incluye desde cómo ordenamos las cosas en nuestro cuarto hasta qué cosas tenemos en él.

“No me conoces: no me juzgues”
Así que hay que dejar claro esto: juzgar no es un verbo despectivo solamente. Juzgar no es solamente encontrar “cosas malas”. Otra vez nos damos cuenta que la cultura general no es confiable. En su sentido más completo, juzgar es afirmar, después de comparar entre dos o más ideas, las relaciones que existen entre ellas. Así que, desde este punto de vista, CLARO que podemos juzgar a las personas cuando las conocemos. Y de hecho DEBEMOS juzgarlas desde que las conocemos. Pero debemos saber cómo hacerlo.

La mitad (si no es que más) de los problemas interpersonales de la gente existen debido a que no juzgaron (o no lo hicieron bien) a sus amigos, parejas o lo que sea desde las primeras veces que los conocieron. Si la evolución nos dio ese sentido de “este me cayó bien, y este mal” debe ser por algo.

No hay tiempo para todo
Como dije antes, la evolución hace lo que puede con lo que tiene. Y lo que puede es darnos atajos para discriminar entre la gente y saber con quiénes juntarnos y con quiénes no. O al menos eso nos dio pero con el tiempo se ha perdido entre las “enseñanzas” y la cultura de la civilización.

¿Por qué discriminar rápidamente? Porque no tenemos tiempo suficiente para conocer a mucha gente al mismo tiempo. Y como animales sociales, nos guste o no, dependemos de otros individuos de nuestra especie ya que vivimos en sociedad. Y es por eso que ese sentido de “juzgar sin conocer realmente” ha sobrevivido hasta nuestros tiempos: porque ha funcionado.

Si, lo acepto, no es la mejor forma (ya que no es infalible), pero es la que ha funcionado y solo por eso existe. En nosotros (o bueno, en los pocos de nosotros que comprendemos eso) está desarrollar otra mejor forma, o al menos mejorar la que existe. Claro que primero hay que saber cómo. Pero ya leen el Raptor Blog. Y eso ya es ganancia. Sigan así.

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ApocalypsisYa había retrasado por mucho tiempo la continuación que prometí cuando escribí sobre la famosa Profecía del 2012. En dicho post simplemente expliqué cómo es que los susodichos “Apocalipsis” regresan cada tantas décadas (y a  veces solo cada unos cuantos años) y la gente olvida que la última vez no pasó nada y sigue creyendo en la que sigue.

Pero esta vez profundizaré no en la explicación de la tendencia de los humanos a olvidar aun con todos sus adelantos tecnológicos, si no en la necesidad tan arraigada en la consciencia humana mundial de tener que creer siempre en que el mundo se acabará y, peor aún, que el final siempre está cerca. Ya aquella vez había prometido investigar el tema y esta vez escribo sobre ello.

La resistencia de una necesidad primitiva

La realidad es que las teorías del final de los tiempos siempre han estado relacionadas con la religión. Casi todas y cada una de las religiones en el planeta tienen su propia versión del fin del mundo. Y esto es lo que me intrigaba publicar, pero no desde el punto de vista del origen religioso (después de todo, ese es sencillo), sino desde la perspectiva de que su permanencia y facilidad de esparcimiento en todo el mundo me hicieron razonar que las raíces de la necesidad de creer en el Apocalipsis es hasta cierto punto natural. Igual que la necesidad de creer en un Dios.

Así como la religión es el resultado práctico (al menos para quienes dirigen las religiones, claro) de la necesidad del cerebro humano de encontrar patrones donde no existen y de creer que él no tiene la culpa de todo lo que le pasa, la creencia en teorías del Fin del Mundo es resultado de la manera en que nuestro cerebro procesa la información sobre los eventos de nuestra propia y la vida de la humanidad en general.

Al parecer, una profunda necesidad humana es llenada por el sistema de creencias proféticas. Desde el punto de vista humano primitivo, las profecías le dan significado a la historia. Le da una especie de estilo dramático a los eventos históricos. Y ya saben cuánto le gusta el drama a la gente. Le da un orden a la experiencia humana. Necesitamos inicios y necesitamos finales.

De la misma forma, cada vez que se acerca un nuevo final, se puede relacionar casi directamente con los eventos de la época. Así, le da una especie de coherencia (al menos inventada, pero al fin coherencia en la mente humana) a los eventos que están pasando en esos momentos, política, social y tecnológicamente. Eso le ayuda a la gente a establecer una especie de plan maestro para lo que pasa, lo que para mucha gente (más de la que podemos imaginarnos) es reconfortante y les hace pensar que de alguna manera alguien más arriba tiene el control.

Apocalipsis en todos lados

Y es en esta parte que una necesidad se ayuda de otra para crear mil y una teorías del fin del mundo. Por un lado, la necesidad humana de encontrarle coherencia al tiempo y al mismo tiempo de creer que no son los únicos responsables se encuentra con la necesidad humana de encontrar patrones donde no existen.

Casi cualquier ejemplo de anteriores “fines del mundo” nos pueden ilustrar este principio. ¿Quién no recuerda el temor de que el anticristo era Sadam Hussein? O de que el el año 2000 las computadoras se volverían locas y todo el mundo sufriría el colapso tecnológico. O de que los extraterrestres han estado visitándonos y vigilando nuestro lento pero seguro progreso hacia la autodestrucción con sus marcas en los campos de trigo. O la más nueva, que los Mayas sabían el mundo llegará al final de un ciclo en el 2012.

Junto con lo anterior, la parte de la mente humana que encuentra patrones en donde no existen es la que ayuda a todos esos profetas a hilar eventos, personajes y objetos de manera que parecen coherentes y hacen pensar a la gente (que también tiene esa parte en su cerebro) que todo se relaciona coherentemente. Llámenle cábala, rueda de los katunes, libro del apocalipsis, o como sea.

De esta manera ahora resulta que el final de mundo parece no solamente religioso sino también científico. Las teorías del apocalipsis se alejaron de las escrituras para convertirse en “científicas”. Y noten bien las comillas. Ahora resulta que, para alcanzar a la audiencia más racional, el fin del mundo ya no solo es respaldado por la Biblia sino que según esto también por científicos y “expertos” en temas astronómicos e históricos. El chiste es echarle más leña al fuego.

El poder de su permanencia

Para quienes se preguntan cómo es que, a pesar de que cada vez se prueba que el final del mundo no llegó cuando todos decían, aun siguen creyendo en el siguiente, debemos tomar en cuenta dos puntos muy importantes: a la gente le gusta tener miedo y a otra gente le gusta que la gente tenga miedo.

Por irónico que parezca, una de las razones por las que los mensajes apocalípticos perduran es por el terror que inspiran. La visión del futuro que el mundo apocalíptico pregona es una muy aterrorizante. Pero aun así, combinado con el miedo viene un sentido de significado, y con ello la idea de que de alguna manera podemos escapar a los terrores que se avecinan. Y ahí es cuando las ideas como la de “El Rapto” se hacen importantes. A la gente le gusta tener esperanzas, y qué mejor esperanza que la de pensar que algunos cuantos se salvarán si siguen ciertas reglas.

¿Y saben para quien es aún mejor? Para quienes las inventa y las publicitan. ¿O qué creen que nadie gana nada de que la gente crea en que el el 2012 se acabará el mundo? En los últimos años se han publicado cientos si no es que miles de libros solamente sobre el tema en todo el mundo. ¡Y la gente los compra! Es más, ¡hasta yo compré uno! Claro el mío es más un recuento de en qué consiste la susodicha profecía desde un punto de vista hasta cierto punto de vista científico e histórico, pero igual y es uno de la bola.

El caso es que, de la misma forma que cuando todo el mundo se preocupa por que Kalimba esté detenido, cuando todo el mundo se preocupa por el cercano Apocalipsis deja de pensar en problemas mucho más actuales e importantes como la desnutrición infantil en países pobres (o hasta en el propio), la mala administración de los recursos públicos y muchos otros problemas reales y hasta con solución relativamente fácil.

Eso sí, a la gente le puede gustar asustarse, pero siempre les gusta también ver la luz al final del túnel. Muchas de las personas que creen en las teorías Apocalípticas las ven desde el punto de vista de R.E.M.: “It’s the end of the world as we know it, but I feel fine” (“Es el fin del mundo como lo conocemos, pero yo me siento bien”).

Ya el verano del año pasado había escrito sobre las Razones de la Personalidad. En ese post expliqué a grandes rasgos por qué es que la humanidad tiene tan distintos tipos de personalidades que de una u otra forma hacen a las personas ser lo que son, pensar lo que piensan y hacer lo que hacen.

Para aquellos que siguen la corriente psicológica (muchos sin saberlo) de que lo que hace a las persona ser quienes son es lo que aprendieron de sus padres y del entorno, les anticipo que este artículo no es para ustedes. La llana realidad (por razones psicológico-evolutivas de las cuales escribiré en otro post) es que lo que tendemos a ser viene “de fábrica” desde el día de nuestra concepción. El ambiente solamente influye en si se desarrolla como debe o no. Así de sencillo. Sobre las frustraciones que se crean cuando una cosa no coincide con la otra, escribiré después.

¿Sirves para la guerra?
Durante la Segunda Guerra Mundial, Katherine Cook Briggs y su hija Isabel Briggs Myers se dedicaron a crear un indicador que describiera los tipos de personalidades de la población, ya que pensaban que sabiendo las preferencias de las mujeres podrían saber cuál sería el tipo de “trabajo en tiempos de guerra” en el que podrían ser más efectivas y estar más cómodas.

Como muchos otros casos de investigación que iniciaron como investigaciones militares, los estudios de Briggs y Myers de los 16 tipos de personalidad evolucionaron hasta convertirse en uno de los más utilizados instrumentos de medición de personalidad en el mundo: El Indicador de Tipo de Myer-Briggs.  Más de dos millones de este tipo de test profesionales son aplicados anualmente.

Personalidad 2.0
Varios años después, basándose en los estudios y en las bases del Indicador Myer-Briggs, David Keirsey desarrolló un cuestionario que ayudara a las personas a entenderse mejor a sí mismas y a las demás, el cual introdujo en el libro Please Understand Me (Por favor compréndeme) publicado en 1984.

El  Clasificador de Personalidad de Keirsey mezcló las ideas iniciales de Hipócrates y Platón con las bases de la personalidad de Karl Jung para hacer más digerible y un poco más científicas las relaciones entre el temperamento heredado y la personalidad que los humanos desarrollan conforme maduran. La clasificación resultante es similar a la de Myer-Briggs pero con sus diferencias prácticas y teóricas que lo hacen más enfocado.

Los 4 Temperamentos
En su trabajo, Keirsey utilizó los nombres para los cuatro tipos de temperamento sugeridos por Platón: Artesanos, Guardianes, Idealistas y Racionales. Cada uno de estos 4 es dividido a su vez en dos roles, y cada uno de esos roles se divide en 2 variantes, creando así los 16 tipos de personalidad descritos por Myers y Briggs.

Los Artesanos
Son observadores, pragmáticos, buscan estimulación y virtuosidad (ser muy buenos en algo), les interesa dejar su huella y su mayor fuerza son las tácticas. Son buenos para resolver problemas, agilidad y la manipulación de herramientas, intrumentos y equipo. Sus dos roles son:

Operadores: son Artesanos directivos. Su más desarrollada inteligencia operativa es agilizar. Sus dos variantes son los atentos Crafters y los expresivos Promotores.
Entretenedores: son Artesanos informativos. Su inteligencia operativa más desarrollada es improvisar. Los atentos Compositores y los expresivos Ejecutantes son sus dos variantes.

Los Guardianes
Son observadores y cooperativos, buscan la seguridad y pertenecer a un grupo, les interesa la responsabilidad y el deber. Su más grande fuerza es la logística, son buenos para organizar, facilitar, verificar y apoyar. Sus dos roles son:

Administradores: Son Guardianes directivos. Su inteligencia operativa más desarrollada es regular. Los atentos Inspectores y los expresivos Supervisores son sus dos variantes.
Conservadores: son Guardianes informativos. Su operación más desarrollada es apoyar. Los atentos Protectores y los expresivos Proveedores son sus dos variantes.

Los Idealistas
Son introspectivos y cooperativos, buscan el significado, les interesa el crecimiento personal y encontrar su identidad única. Su más grande fuerza es la diplomacia. Son buenos para clarificar, individualizar, unificar e inspirar. Sus dos roles son:

Mentores: son Idealista directivos. Su inteligencia operativa más desarrollada es desarrollar. Los atentos Consejeros y los expresivos Maestros son sus dos variantes.
Abogados: son Idealistas informativos. Su inteligencia operativa más desarrollada es mediar. Los atentos Sanadores y los expresivos Campeones son sus dos variantes.

Los Racionales
Son introspectivos y pragmáticos, buscan la maestría y el auto control, se interesan por su propio conocimiento y competencia. Su fuerza más grande es la estrategia. Son buenos en cualquier tipo de investigación lógica como ingeniar, conceptualizar, teorizar y coordinar. Sus dos roles son:

Coordinadores: son Racionales directivos. Su inteligencia operativa más desarrollada es organizar. Los atentos Masterminds y los expresivos  Mariscales de Campo son sus dos variantes.
Ingenieros: son Racionales informativos. Su operación más desarrollada es diseñar. Los atentos Arquitectos y los expresivos Inventores son sus dos variantes.

En el siguiente post explicaré cómo se componen los 16 tipos de personalidad y describiré a grandes rasgos las diferencias entre las variantes de cada tipo para que vayan dándose cuenta de en cuál de ellos encajan o encajen mejor. Porque para que lo vayan analizando, no todas las personas pertenecen a solamente una variante: existen mezclas con tendencias hacia uno u otro… aunque, si en realidad se conocen a sí mismos ya deben imaginarse a cuál pertenecen por el puro nombre de tipo.

InfidelidadEn el post pasado del Raptor Blog escribí sobre la relación entre los celos y el adulterio (o infidelidad). En resumidas cuentas el adulterio es la causa de los celos. O mejor dicho la posibilidad de infidelidad por parte de la pareja es la causa de los celos (sea esta fundada o infundada). Pero lo que importa en esta sección es cuál es la causa práctica y origen de ambas. Y como casi siempre, la respuesta es sencilla: nadie quiere cuidar los hijos de otro.

Lo que faltó
Esta vez ahondaré en el tema no solo porque me lo pidieron sino también porque, como dije al final del post pasado, aún le faltaba algo de desarrollo para comprender un poco mejor por qué es que la infidelidad existe y hasta cierto punto es necesaria en la especie humana y, para el caso en muchos otros animales. Y también era necesario seguir con el tema para que aquellas personas que se sintieron como que se justificaba ser infiel o se ofendieron por lo mismo dejen de pensar así.

La realidad es que como casi cualquier otra ciencia aplicada, la biología evolutiva puede ser usada a la conveniencia de cualquiera que no la comprenda en realidad. Recuerden a Hitler. Pero para que quienes andan ya justificándose con su pareja de que son infieles y no pueden evitarlo, ahora veremos qué gana quién en el juego del adulterio. Y digo juego no por usar una metáfora sino porque, al final y si aplicamos la lógica, es necesario pensar en la necesidad de dejar descendencia como una especie de juego, como una teoría del juego.

Así que, ¿qué hace a una persona casada (o unida, pues) decidir buscar o evitar la infidelidad? La llana realidad es que los humanos somos una especie monógama. La mayoría de los padres en realidad crían a sus hijos y el matrimonio no es un engaño. No somos chimpancés promiscuos que pretenden no serlo. Si así fuera a la gente no le gustaran las  telenovelas ni los chistes sobre infidelidad.

Como en las telenovelas
Resulta que, como bien lo dijo Freud, muchas veces utilizamos el humor para lidiar con situaciones que se nos hacen intensamente dolorosas. La infidelidad es una de esas situaciones. Por eso es casi inexistente una telenovela donde no se trate el tema y el tema no atraiga la emoción de los televidentes (que deberían de dejar de ver telenovelas y ponerse a ver algo productivo, por cierto).  Aún así, y siendo el siglo XXI, a las personas no les gusta mucho hablar sobre el tema de la infidelidad, al menos no cuando le preguntan su opinión sincera. Y con justa razón.

Y aquí la razón de que nos comparemos con los pájaros.

Aunque suene un tanto incoherente, cuando se trata de adulterio (o monogamia en su caso), nuestros parientes monos no nos son de mucha utilidad debido a que, como especie, dejamos hace muchos millones de años  la promiscuidad que ellos practican y reinventamos el adulterio después. Y precisamente como no es confiable basarnos en encuestas debido al tabú que representa para la mayoría la infidelidad, es mucho más confiable utilizar investigaciones de la vida de los pájaros porque resulta que muchas especies de aves utilizan la misma estrategia que los humanos: la monogamia con una pizca de adulterio.

Las investigaciones en estas especies ayudaron a los psicólogos y biólogos evolutivos a dejar más claro lo que a los humanos les gusta complicarse y por lo mismo resulta más ineficiente estudiar directamente en ellos. Lo que las personas practican en el “juego del amor” es una Estrategia Reproductiva Mixta (ERM) o, en otras palabras, naturalmente practican la monogamia pero al mismo tiempo buscan y tratan de no dejar pasar oportunidades para dejar su herencia genética en relaciones extramaritales (REM). De ahí que se aplique la teoría del juego: la vida es considerada un concurso evolutivo donde los ganadores son esos individuos que dejan el mayor número de descendientes.

Matrimonio ¿Una ilusión?
Entonces ¿Por qué el matrimonio no es un engaño? Simple. Y ya lo he escrito varias veces anteriormente: porque nuestra especie requiere de lazos duraderos entre los padres para poder criar a los hijos. Por eso y por nada más. No le busquen tres pies al gato porque tendrán que mocharle uno. Sin embargo, debido a que de una u otra forma resulta de beneficio para cualquier individuo de la especie dejar el mayor número de descendientes que pueda, es que la evolución ha dejado aún ese 30% de posibilidades de infidelidad… claro que es en su mayoría los que lo han logrado sin morir en el intento.

Debido a que siempre existe esa posibilidad de que a alguien le sean infiel, es que siempre existirá ese sentimiento que llaman celos que para lo único que existe es para tratar de evitar que a uno le “encasqueten” los hijos de otro. Y debido a eso precisamente tenemos que llegar al tema específico que dejé inconcluso la edición pasada: ¿Quién gana o pierde más en el juego de la infidelidad? Y la respuesta, como casi siempre, es ni el uno ni el otro, sino todo lo contrario. Me explicaré.

El juego del amor
Como es de todos lógico si lo piensan, la ERM solo funciona en los casos que pasan desapercibidos, es decir cuando al infiel (o la infiel) no los “cachan”. Los individuos que ganan en el juego del adulterio son los que logran conseguir hijos fuera del matrimonio sin que su pareja se entere o logre hacer algo para evitarlo. Ahora bien, el hombre es una cosa y la mujer otra, así de simple. Debido a esto, la estrategia del hombre es diferente a la de la mujer y ahí es donde el juego se pone reñido.

Como consecuencia de que la mujer debe esforzarse y esperar un tiempo mayor para “hacer” un hijo, resulta hasta cierto punto mucho más fácil para el hombre ganar el juego y embarazar a otra mujer casi una hora después de haber embarazado a otra. Sin embargo, no es tan fácil debido a que siempre existe la paranoia de que al alejarse demasiado de su pareja, alguien más llegue y la mujer aproveche la oportunidad que se le presenta (y que naturalmente muchas veces aprovecha) de conseguir una diversidad genética en su progenie al mismo tiempo que no pierde el beneficio de la ayuda de su esposo para criar a su bastardo hijo.

Así que, la realidad es que ambos pueden ganar y ambos pueden perder. Donde uno tiene ventajas de ganar, también conlleva sus desventajas de salir engañado y darle a ganar a otro al cuidar a un hijo no propio y hacer que esos otros genes avancen y no los propios. Así de simple.

Así que, ya se la saben. Por eso existe el adulterio, por eso nunca dejará de existir, y por eso siempre será solo un relativamente bajo pero permanente porcentaje mientras la estrategia funcione para los que lo logran.

Luego le seguiremos
Y digo para los que lo logran porque, como ya deben saber muchos, por algo existen en la cultura popular las historias sobre venganzas amorosas. De hecho, desde cierto punto de vista, y en ciertos países, los decesos o crímenes relacionados con la infidelidad o adulterio son mucho más comunes de lo que queremos pensar o de lo que los tomamos en cuenta.

Y es obvio cuando nos ponemos a analizar que de hecho de que, biológica y evolutivamente, una de las mayores traiciones de las que puede ser objeto un hombre es el engañarlo haciendo avanzar en la alberca genética los genes de otro individuo a sus expensas. ¿Por qué creen que hasta en la actualidad, en muchos países es la mujer la que se considera más culpable en los casos legales seguidos por adulterio?

Sobre el blog

El Raptor Blog es el blog oficial de Nelson Razo, un diseñador gráfico experto en desarrollo web que en sus ratos libres se interesa en cómo funcionan los humanos en particular y el universo en general. Y publica lo que aprende en este sitio.

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