PersonalityHace ya algún tiempo, una persona me expresó que le molestaba que, cuando la acababan de conocer, muchas personas tendían a pensar que ella era como la compañía que acostumbraba, es decir, que era igual sus amig@s. Y, aunque muchos recordarán rápidamente el famoso dicho “dime con quién andas…” (y aunque pueden tener razón desde un punto de vista), de lo que esta vez escribo no es de la polémica sobre que “quien con lobos anda a aullar se enseña”.

Y no escribo sobre eso ya que, aunque en realidad explica en parte este tipo de casos, mis análisis van siempre más allá de lo que se considera el sentido común o cultura general. Esta vez expandiré los temas de los que anteriormente ya había publicado: nuestro instinto poco apreciado de leer mentes o de predecir el futuro de una relación sin haber analizado suficiente información al respecto.

La verdad es que muchas de las veces, y especialmente cuando tratamos con personas, la primera impresión cuenta mucho y puede decirnos más de lo que estamos acostumbrados a pensar que nos dice. Siempre ha existido la famosa frase que dice: “no juzgues a un libro por su portada”. Pero, la realidad es que SIEMPRE vamos a juzgar un libro por su portada, para bien o para mal así funcionan los humanos.

Y digo para bien o para mal porque con “la portada” no me refiero solamente a la apariencia física (es decir color de piel, forma de vestir y eso), sino también a esas partes de la persona que podemos notar consciente e inconscientemente desde la primera vez que las conocemos. Y a eso precisamente me refiero con que nunca dejaremos de juzgar por “la portada”.

Lo que podemos con lo que tenemos
El funcionamiento del cerebro humano es limitado. Puede ser la más poderosa máquina del planeta, pero debido a que no lo aprovechamos en todo su potencial (al menos no la mayoría de las personas), tiene que trabajar con sus limitaciones. Y una de esas limitaciones es que no puede procesar toda la información que debiera en todas las circunstancias. Igual que las computadoras, tenemos un límite de cálculos por segundo que podemos hacer. Y precisamente debido a eso es que la evolución nos ha dado atajos para poder lidiar con situaciones tan variadas como decidir sobre un auto y que nos caiga bien o mal una persona que acabamos de conocer.

Supongo que todos han tenido alguna vez esa sensación de “esta persona me cayó muy bien”, cuando solo intercambiaron una frase de saludo. ¿Cómo puede alguien pensar que alguien que acaba de conocer le cayó bien si sólo intercambió un “Mucho gusto”? ¿Qué no se supone que no podemos saber si una persona nos cae bien o mal si aun no al conocemos lo suficiente? ¿Qué no debemos juzgar a un libro por su portada?

Y no, no debemos, pero es lo que podemos hacer con lo que tenemos. Y la verdad es que, en muchos de los casos, funciona. No digo que en todos, que quede claro. Igual que el hecho de creer que existe Dios es resultado de un método cognitivo que evolucionó en nuestro cerebro para lidiar de la mejor forma que pudo con otros tipos de problemas (como huir de un posible lobo en medio del bosque oscuro), el sentir que conocemos cómo es una persona sin haber pasado mucho tiempo con ella también tiene sus fallas en ciertas situaciones o individuos.

La falacia de “pasa un tiempo con ellos”
¿Si tu jefe te pidiera que evaluaras a un candidato a un puesto en su empresa, cuál de las siguientes dos opciones escogerías? La primera: conocer a esa persona por una semana, haciéndote su amigo; o la segunda: estando media hora en su departamento sin que el candidato esté ahí o pueda opinar mientras analizas su hogar?

La respuesta que puede sonar lógica para la mayoría es la primera: para conocer a alguien hay que pasar considerable tiempo con ella y conocerla en distintas situaciones. Pero la realidad es que el sentido común en muchos casos no es confiable y se convierte en simple cliché. Y este es uno de ellos. Estudios psicológicos han demostrado que, para lo que es realmente importante conocer sobre una persona, quienes utilizaron el segundo método describieron mucho mejor la personalidad del dueño del departamento que los que se hicieron sus amigos para conocerlo.

Lo que esto nos indica es que, a pesar de lo arraigado que está la idea de que debes pasar mucho tiempo con alguien para conocerlo, la realidad es que la personalidad no es más que una serie de patrones que, si uno sabe distinguirlos, nos dicen mucho de una persona a la primera y sin necesidad de ocupar mucho tiempo en discernirlos. ¿Cómo? Debido a que los patrones son estables y, en la mayoría de los casos, son algo innato, es decir, genético.

Como ya lo he escrito varias veces, la mayoría de lo que somos es producto de la herencia, eso incluye las tendencias a desarrollar ciertos hábitos y estilos de personalidad. Y eso no lo podemos cambiar. O es muy difícil. Y aparte se nota en nuestra persona, consciente o inconscientemente. Nos demos cuenta o no, expresamos y mostramos partes de nuestra forma de ser en lo que decimos, como lo decimos, lo que hacemos y como lo hacemos. Y eso incluye desde cómo ordenamos las cosas en nuestro cuarto hasta qué cosas tenemos en él.

“No me conoces: no me juzgues”
Así que hay que dejar claro esto: juzgar no es un verbo despectivo solamente. Juzgar no es solamente encontrar “cosas malas”. Otra vez nos damos cuenta que la cultura general no es confiable. En su sentido más completo, juzgar es afirmar, después de comparar entre dos o más ideas, las relaciones que existen entre ellas. Así que, desde este punto de vista, CLARO que podemos juzgar a las personas cuando las conocemos. Y de hecho DEBEMOS juzgarlas desde que las conocemos. Pero debemos saber cómo hacerlo.

La mitad (si no es que más) de los problemas interpersonales de la gente existen debido a que no juzgaron (o no lo hicieron bien) a sus amigos, parejas o lo que sea desde las primeras veces que los conocieron. Si la evolución nos dio ese sentido de “este me cayó bien, y este mal” debe ser por algo.

No hay tiempo para todo
Como dije antes, la evolución hace lo que puede con lo que tiene. Y lo que puede es darnos atajos para discriminar entre la gente y saber con quiénes juntarnos y con quiénes no. O al menos eso nos dio pero con el tiempo se ha perdido entre las “enseñanzas” y la cultura de la civilización.

¿Por qué discriminar rápidamente? Porque no tenemos tiempo suficiente para conocer a mucha gente al mismo tiempo. Y como animales sociales, nos guste o no, dependemos de otros individuos de nuestra especie ya que vivimos en sociedad. Y es por eso que ese sentido de “juzgar sin conocer realmente” ha sobrevivido hasta nuestros tiempos: porque ha funcionado.

Si, lo acepto, no es la mejor forma (ya que no es infalible), pero es la que ha funcionado y solo por eso existe. En nosotros (o bueno, en los pocos de nosotros que comprendemos eso) está desarrollar otra mejor forma, o al menos mejorar la que existe. Claro que primero hay que saber cómo. Pero ya leen el Raptor Blog. Y eso ya es ganancia. Sigan así.

ZNZC6FSRFCMK

ApocalypsisYa había retrasado por mucho tiempo la continuación que prometí cuando escribí sobre la famosa Profecía del 2012. En dicho post simplemente expliqué cómo es que los susodichos “Apocalipsis” regresan cada tantas décadas (y a  veces solo cada unos cuantos años) y la gente olvida que la última vez no pasó nada y sigue creyendo en la que sigue.

Pero esta vez profundizaré no en la explicación de la tendencia de los humanos a olvidar aun con todos sus adelantos tecnológicos, si no en la necesidad tan arraigada en la consciencia humana mundial de tener que creer siempre en que el mundo se acabará y, peor aún, que el final siempre está cerca. Ya aquella vez había prometido investigar el tema y esta vez escribo sobre ello.

La resistencia de una necesidad primitiva

La realidad es que las teorías del final de los tiempos siempre han estado relacionadas con la religión. Casi todas y cada una de las religiones en el planeta tienen su propia versión del fin del mundo. Y esto es lo que me intrigaba publicar, pero no desde el punto de vista del origen religioso (después de todo, ese es sencillo), sino desde la perspectiva de que su permanencia y facilidad de esparcimiento en todo el mundo me hicieron razonar que las raíces de la necesidad de creer en el Apocalipsis es hasta cierto punto natural. Igual que la necesidad de creer en un Dios.

Así como la religión es el resultado práctico (al menos para quienes dirigen las religiones, claro) de la necesidad del cerebro humano de encontrar patrones donde no existen y de creer que él no tiene la culpa de todo lo que le pasa, la creencia en teorías del Fin del Mundo es resultado de la manera en que nuestro cerebro procesa la información sobre los eventos de nuestra propia y la vida de la humanidad en general.

Al parecer, una profunda necesidad humana es llenada por el sistema de creencias proféticas. Desde el punto de vista humano primitivo, las profecías le dan significado a la historia. Le da una especie de estilo dramático a los eventos históricos. Y ya saben cuánto le gusta el drama a la gente. Le da un orden a la experiencia humana. Necesitamos inicios y necesitamos finales.

De la misma forma, cada vez que se acerca un nuevo final, se puede relacionar casi directamente con los eventos de la época. Así, le da una especie de coherencia (al menos inventada, pero al fin coherencia en la mente humana) a los eventos que están pasando en esos momentos, política, social y tecnológicamente. Eso le ayuda a la gente a establecer una especie de plan maestro para lo que pasa, lo que para mucha gente (más de la que podemos imaginarnos) es reconfortante y les hace pensar que de alguna manera alguien más arriba tiene el control.

Apocalipsis en todos lados

Y es en esta parte que una necesidad se ayuda de otra para crear mil y una teorías del fin del mundo. Por un lado, la necesidad humana de encontrarle coherencia al tiempo y al mismo tiempo de creer que no son los únicos responsables se encuentra con la necesidad humana de encontrar patrones donde no existen.

Casi cualquier ejemplo de anteriores “fines del mundo” nos pueden ilustrar este principio. ¿Quién no recuerda el temor de que el anticristo era Sadam Hussein? O de que el el año 2000 las computadoras se volverían locas y todo el mundo sufriría el colapso tecnológico. O de que los extraterrestres han estado visitándonos y vigilando nuestro lento pero seguro progreso hacia la autodestrucción con sus marcas en los campos de trigo. O la más nueva, que los Mayas sabían el mundo llegará al final de un ciclo en el 2012.

Junto con lo anterior, la parte de la mente humana que encuentra patrones en donde no existen es la que ayuda a todos esos profetas a hilar eventos, personajes y objetos de manera que parecen coherentes y hacen pensar a la gente (que también tiene esa parte en su cerebro) que todo se relaciona coherentemente. Llámenle cábala, rueda de los katunes, libro del apocalipsis, o como sea.

De esta manera ahora resulta que el final de mundo parece no solamente religioso sino también científico. Las teorías del apocalipsis se alejaron de las escrituras para convertirse en “científicas”. Y noten bien las comillas. Ahora resulta que, para alcanzar a la audiencia más racional, el fin del mundo ya no solo es respaldado por la Biblia sino que según esto también por científicos y “expertos” en temas astronómicos e históricos. El chiste es echarle más leña al fuego.

El poder de su permanencia

Para quienes se preguntan cómo es que, a pesar de que cada vez se prueba que el final del mundo no llegó cuando todos decían, aun siguen creyendo en el siguiente, debemos tomar en cuenta dos puntos muy importantes: a la gente le gusta tener miedo y a otra gente le gusta que la gente tenga miedo.

Por irónico que parezca, una de las razones por las que los mensajes apocalípticos perduran es por el terror que inspiran. La visión del futuro que el mundo apocalíptico pregona es una muy aterrorizante. Pero aun así, combinado con el miedo viene un sentido de significado, y con ello la idea de que de alguna manera podemos escapar a los terrores que se avecinan. Y ahí es cuando las ideas como la de “El Rapto” se hacen importantes. A la gente le gusta tener esperanzas, y qué mejor esperanza que la de pensar que algunos cuantos se salvarán si siguen ciertas reglas.

¿Y saben para quien es aún mejor? Para quienes las inventa y las publicitan. ¿O qué creen que nadie gana nada de que la gente crea en que el el 2012 se acabará el mundo? En los últimos años se han publicado cientos si no es que miles de libros solamente sobre el tema en todo el mundo. ¡Y la gente los compra! Es más, ¡hasta yo compré uno! Claro el mío es más un recuento de en qué consiste la susodicha profecía desde un punto de vista hasta cierto punto de vista científico e histórico, pero igual y es uno de la bola.

El caso es que, de la misma forma que cuando todo el mundo se preocupa por que Kalimba esté detenido, cuando todo el mundo se preocupa por el cercano Apocalipsis deja de pensar en problemas mucho más actuales e importantes como la desnutrición infantil en países pobres (o hasta en el propio), la mala administración de los recursos públicos y muchos otros problemas reales y hasta con solución relativamente fácil.

Eso sí, a la gente le puede gustar asustarse, pero siempre les gusta también ver la luz al final del túnel. Muchas de las personas que creen en las teorías Apocalípticas las ven desde el punto de vista de R.E.M.: “It’s the end of the world as we know it, but I feel fine” (“Es el fin del mundo como lo conocemos, pero yo me siento bien”).

Ya el verano del año pasado había escrito sobre las Razones de la Personalidad. En ese post expliqué a grandes rasgos por qué es que la humanidad tiene tan distintos tipos de personalidades que de una u otra forma hacen a las personas ser lo que son, pensar lo que piensan y hacer lo que hacen.

Para aquellos que siguen la corriente psicológica (muchos sin saberlo) de que lo que hace a las persona ser quienes son es lo que aprendieron de sus padres y del entorno, les anticipo que este artículo no es para ustedes. La llana realidad (por razones psicológico-evolutivas de las cuales escribiré en otro post) es que lo que tendemos a ser viene “de fábrica” desde el día de nuestra concepción. El ambiente solamente influye en si se desarrolla como debe o no. Así de sencillo. Sobre las frustraciones que se crean cuando una cosa no coincide con la otra, escribiré después.

¿Sirves para la guerra?
Durante la Segunda Guerra Mundial, Katherine Cook Briggs y su hija Isabel Briggs Myers se dedicaron a crear un indicador que describiera los tipos de personalidades de la población, ya que pensaban que sabiendo las preferencias de las mujeres podrían saber cuál sería el tipo de “trabajo en tiempos de guerra” en el que podrían ser más efectivas y estar más cómodas.

Como muchos otros casos de investigación que iniciaron como investigaciones militares, los estudios de Briggs y Myers de los 16 tipos de personalidad evolucionaron hasta convertirse en uno de los más utilizados instrumentos de medición de personalidad en el mundo: El Indicador de Tipo de Myer-Briggs.  Más de dos millones de este tipo de test profesionales son aplicados anualmente.

Personalidad 2.0
Varios años después, basándose en los estudios y en las bases del Indicador Myer-Briggs, David Keirsey desarrolló un cuestionario que ayudara a las personas a entenderse mejor a sí mismas y a las demás, el cual introdujo en el libro Please Understand Me (Por favor compréndeme) publicado en 1984.

El  Clasificador de Personalidad de Keirsey mezcló las ideas iniciales de Hipócrates y Platón con las bases de la personalidad de Karl Jung para hacer más digerible y un poco más científicas las relaciones entre el temperamento heredado y la personalidad que los humanos desarrollan conforme maduran. La clasificación resultante es similar a la de Myer-Briggs pero con sus diferencias prácticas y teóricas que lo hacen más enfocado.

Los 4 Temperamentos
En su trabajo, Keirsey utilizó los nombres para los cuatro tipos de temperamento sugeridos por Platón: Artesanos, Guardianes, Idealistas y Racionales. Cada uno de estos 4 es dividido a su vez en dos roles, y cada uno de esos roles se divide en 2 variantes, creando así los 16 tipos de personalidad descritos por Myers y Briggs.

Los Artesanos
Son observadores, pragmáticos, buscan estimulación y virtuosidad (ser muy buenos en algo), les interesa dejar su huella y su mayor fuerza son las tácticas. Son buenos para resolver problemas, agilidad y la manipulación de herramientas, intrumentos y equipo. Sus dos roles son:

Operadores: son Artesanos directivos. Su más desarrollada inteligencia operativa es agilizar. Sus dos variantes son los atentos Crafters y los expresivos Promotores.
Entretenedores: son Artesanos informativos. Su inteligencia operativa más desarrollada es improvisar. Los atentos Compositores y los expresivos Ejecutantes son sus dos variantes.

Los Guardianes
Son observadores y cooperativos, buscan la seguridad y pertenecer a un grupo, les interesa la responsabilidad y el deber. Su más grande fuerza es la logística, son buenos para organizar, facilitar, verificar y apoyar. Sus dos roles son:

Administradores: Son Guardianes directivos. Su inteligencia operativa más desarrollada es regular. Los atentos Inspectores y los expresivos Supervisores son sus dos variantes.
Conservadores: son Guardianes informativos. Su operación más desarrollada es apoyar. Los atentos Protectores y los expresivos Proveedores son sus dos variantes.

Los Idealistas
Son introspectivos y cooperativos, buscan el significado, les interesa el crecimiento personal y encontrar su identidad única. Su más grande fuerza es la diplomacia. Son buenos para clarificar, individualizar, unificar e inspirar. Sus dos roles son:

Mentores: son Idealista directivos. Su inteligencia operativa más desarrollada es desarrollar. Los atentos Consejeros y los expresivos Maestros son sus dos variantes.
Abogados: son Idealistas informativos. Su inteligencia operativa más desarrollada es mediar. Los atentos Sanadores y los expresivos Campeones son sus dos variantes.

Los Racionales
Son introspectivos y pragmáticos, buscan la maestría y el auto control, se interesan por su propio conocimiento y competencia. Su fuerza más grande es la estrategia. Son buenos en cualquier tipo de investigación lógica como ingeniar, conceptualizar, teorizar y coordinar. Sus dos roles son:

Coordinadores: son Racionales directivos. Su inteligencia operativa más desarrollada es organizar. Los atentos Masterminds y los expresivos  Mariscales de Campo son sus dos variantes.
Ingenieros: son Racionales informativos. Su operación más desarrollada es diseñar. Los atentos Arquitectos y los expresivos Inventores son sus dos variantes.

En el siguiente post explicaré cómo se componen los 16 tipos de personalidad y describiré a grandes rasgos las diferencias entre las variantes de cada tipo para que vayan dándose cuenta de en cuál de ellos encajan o encajen mejor. Porque para que lo vayan analizando, no todas las personas pertenecen a solamente una variante: existen mezclas con tendencias hacia uno u otro… aunque, si en realidad se conocen a sí mismos ya deben imaginarse a cuál pertenecen por el puro nombre de tipo.

InfidelidadEn el post pasado del Raptor Blog escribí sobre la relación entre los celos y el adulterio (o infidelidad). En resumidas cuentas el adulterio es la causa de los celos. O mejor dicho la posibilidad de infidelidad por parte de la pareja es la causa de los celos (sea esta fundada o infundada). Pero lo que importa en esta sección es cuál es la causa práctica y origen de ambas. Y como casi siempre, la respuesta es sencilla: nadie quiere cuidar los hijos de otro.

Lo que faltó
Esta vez ahondaré en el tema no solo porque me lo pidieron sino también porque, como dije al final del post pasado, aún le faltaba algo de desarrollo para comprender un poco mejor por qué es que la infidelidad existe y hasta cierto punto es necesaria en la especie humana y, para el caso en muchos otros animales. Y también era necesario seguir con el tema para que aquellas personas que se sintieron como que se justificaba ser infiel o se ofendieron por lo mismo dejen de pensar así.

La realidad es que como casi cualquier otra ciencia aplicada, la biología evolutiva puede ser usada a la conveniencia de cualquiera que no la comprenda en realidad. Recuerden a Hitler. Pero para que quienes andan ya justificándose con su pareja de que son infieles y no pueden evitarlo, ahora veremos qué gana quién en el juego del adulterio. Y digo juego no por usar una metáfora sino porque, al final y si aplicamos la lógica, es necesario pensar en la necesidad de dejar descendencia como una especie de juego, como una teoría del juego.

Así que, ¿qué hace a una persona casada (o unida, pues) decidir buscar o evitar la infidelidad? La llana realidad es que los humanos somos una especie monógama. La mayoría de los padres en realidad crían a sus hijos y el matrimonio no es un engaño. No somos chimpancés promiscuos que pretenden no serlo. Si así fuera a la gente no le gustaran las  telenovelas ni los chistes sobre infidelidad.

Como en las telenovelas
Resulta que, como bien lo dijo Freud, muchas veces utilizamos el humor para lidiar con situaciones que se nos hacen intensamente dolorosas. La infidelidad es una de esas situaciones. Por eso es casi inexistente una telenovela donde no se trate el tema y el tema no atraiga la emoción de los televidentes (que deberían de dejar de ver telenovelas y ponerse a ver algo productivo, por cierto).  Aún así, y siendo el siglo XXI, a las personas no les gusta mucho hablar sobre el tema de la infidelidad, al menos no cuando le preguntan su opinión sincera. Y con justa razón.

Y aquí la razón de que nos comparemos con los pájaros.

Aunque suene un tanto incoherente, cuando se trata de adulterio (o monogamia en su caso), nuestros parientes monos no nos son de mucha utilidad debido a que, como especie, dejamos hace muchos millones de años  la promiscuidad que ellos practican y reinventamos el adulterio después. Y precisamente como no es confiable basarnos en encuestas debido al tabú que representa para la mayoría la infidelidad, es mucho más confiable utilizar investigaciones de la vida de los pájaros porque resulta que muchas especies de aves utilizan la misma estrategia que los humanos: la monogamia con una pizca de adulterio.

Las investigaciones en estas especies ayudaron a los psicólogos y biólogos evolutivos a dejar más claro lo que a los humanos les gusta complicarse y por lo mismo resulta más ineficiente estudiar directamente en ellos. Lo que las personas practican en el “juego del amor” es una Estrategia Reproductiva Mixta (ERM) o, en otras palabras, naturalmente practican la monogamia pero al mismo tiempo buscan y tratan de no dejar pasar oportunidades para dejar su herencia genética en relaciones extramaritales (REM). De ahí que se aplique la teoría del juego: la vida es considerada un concurso evolutivo donde los ganadores son esos individuos que dejan el mayor número de descendientes.

Matrimonio ¿Una ilusión?
Entonces ¿Por qué el matrimonio no es un engaño? Simple. Y ya lo he escrito varias veces anteriormente: porque nuestra especie requiere de lazos duraderos entre los padres para poder criar a los hijos. Por eso y por nada más. No le busquen tres pies al gato porque tendrán que mocharle uno. Sin embargo, debido a que de una u otra forma resulta de beneficio para cualquier individuo de la especie dejar el mayor número de descendientes que pueda, es que la evolución ha dejado aún ese 30% de posibilidades de infidelidad… claro que es en su mayoría los que lo han logrado sin morir en el intento.

Debido a que siempre existe esa posibilidad de que a alguien le sean infiel, es que siempre existirá ese sentimiento que llaman celos que para lo único que existe es para tratar de evitar que a uno le “encasqueten” los hijos de otro. Y debido a eso precisamente tenemos que llegar al tema específico que dejé inconcluso la edición pasada: ¿Quién gana o pierde más en el juego de la infidelidad? Y la respuesta, como casi siempre, es ni el uno ni el otro, sino todo lo contrario. Me explicaré.

El juego del amor
Como es de todos lógico si lo piensan, la ERM solo funciona en los casos que pasan desapercibidos, es decir cuando al infiel (o la infiel) no los “cachan”. Los individuos que ganan en el juego del adulterio son los que logran conseguir hijos fuera del matrimonio sin que su pareja se entere o logre hacer algo para evitarlo. Ahora bien, el hombre es una cosa y la mujer otra, así de simple. Debido a esto, la estrategia del hombre es diferente a la de la mujer y ahí es donde el juego se pone reñido.

Como consecuencia de que la mujer debe esforzarse y esperar un tiempo mayor para “hacer” un hijo, resulta hasta cierto punto mucho más fácil para el hombre ganar el juego y embarazar a otra mujer casi una hora después de haber embarazado a otra. Sin embargo, no es tan fácil debido a que siempre existe la paranoia de que al alejarse demasiado de su pareja, alguien más llegue y la mujer aproveche la oportunidad que se le presenta (y que naturalmente muchas veces aprovecha) de conseguir una diversidad genética en su progenie al mismo tiempo que no pierde el beneficio de la ayuda de su esposo para criar a su bastardo hijo.

Así que, la realidad es que ambos pueden ganar y ambos pueden perder. Donde uno tiene ventajas de ganar, también conlleva sus desventajas de salir engañado y darle a ganar a otro al cuidar a un hijo no propio y hacer que esos otros genes avancen y no los propios. Así de simple.

Así que, ya se la saben. Por eso existe el adulterio, por eso nunca dejará de existir, y por eso siempre será solo un relativamente bajo pero permanente porcentaje mientras la estrategia funcione para los que lo logran.

Luego le seguiremos
Y digo para los que lo logran porque, como ya deben saber muchos, por algo existen en la cultura popular las historias sobre venganzas amorosas. De hecho, desde cierto punto de vista, y en ciertos países, los decesos o crímenes relacionados con la infidelidad o adulterio son mucho más comunes de lo que queremos pensar o de lo que los tomamos en cuenta.

Y es obvio cuando nos ponemos a analizar que de hecho de que, biológica y evolutivamente, una de las mayores traiciones de las que puede ser objeto un hombre es el engañarlo haciendo avanzar en la alberca genética los genes de otro individuo a sus expensas. ¿Por qué creen que hasta en la actualidad, en muchos países es la mujer la que se considera más culpable en los casos legales seguidos por adulterio?

InfidelidadHace ya un año publiqué sobre Por qué existen los celos. En ese post expliqué que los celos son una respuesta instintiva del ser humano (y de otras especies también) a cuidar lo que considera “suyo”, particularmente en el caso de la pareja sentimental o sexual.

Esta vez ahondaré en el tema relacionándolo con el polémico tópico del adulterio. Porque si algo es causa de celos es la sospecha de que nuestra pareja “esté saliendo con otro” o simplemente sienta atracción por otra. Hasta aquí todos dirán: “obviamente”. Pero la razón de ser de esta sección es explicar las razones escondidas para lo que muchas veces resulta obvio.

Freud estaba en lo correcto
A las personas les gusta pensar que el amor o una relación sentimental es algo especial, que los sentimientos amorosos por la pareja van más allá de lo sexual. No digo que no existan casos así, pero la verdad es que en la gran mayoría de las relaciones esa idea es solamente una ilusión. Como ya lo había notado Sigmund Freud, la realidad es que casi todo lo que hacen los humanos está directa o indirectamente relacionado a una cosa: el  sexo. Y, aunque Freud no tenía en sus tiempos las bases biológico-evolutivas que tenemos hoy para respaldar su teoría, el famoso psicólogo le atinó al punto (aunque debo aclarar que muchas de sus “explicaciones” psicológicas me siguen sonando a obsesiones de Freud con el tema y no explican mucho en realidad).

Los celos existen porque a nadie le gustaría cuidar el “mono” de otro. Quienes están en pro de la adopción estarán en este momento poniendo cara de “eso suena inhumano”. Pero la verdad es que, natural, instintiva y genéticamente, la razón de ser de la reproducción sexual  es que el individuo herede SUS genes a la siguiente generación, no los de otro. En pocas palabras, los celos existen para evitar en lo posible el  “Caso Cuckoo”.

Como el cuckoo
El pájaro Cuckoo es una especie de ave que no cuida sus huevos. Para que sus pajaritos se desarrollen, son depositados en al nido de otra ave que se encuentre cuidando los propios. Así, el pájaro cuckoo nace en un nido que no es su familia y sus padres reales no tuvieron que preocuparse por ocupar su tiempo calendando el huevo ni alimentándolo. Esto es lo que pretenden evitar los celos humanos.

Pero ¿Por qué existe entonces el matrimonio? Se supone que técnicamente somos una especie monógama por la razones que expliqué cuando escribí sobre ¿Qué es el Amor? A diferencia de muchas especies, a los humanos les conviene más quedarse con una pareja por mucho tiempo debido a la inversión de esfuerzo mutuo que lleva criar a los hijos y a que entre dos padres es mucho más efectivo que dichos hijos se desarrollen de manera que tengan muchas más posibilidades de perpetuar la herencia genética de la familia.

Debido a que somos una especie monógama, no deberíamos preocuparnos por sentir celos. Pero, como dijo Homer Simpson: “En teoría Marge, en teoría”. La realidad es que el ser humano siempre se ha sentido más adelantado de lo que está en la cadena evolutiva. Si bien es un animal racional, la verdad es que aún no lo dejan (ni lo dejarán) sus genes animales. Así, somos una mezcla hasta cierto punto incongruente de instintos animales y pensamientos hasta cierto punto racionales. Pero, para el caso reproductivo, lo que gana es el animal.

Así que por eso es que, en promedio, del 10 al 30% de los niños que nacen no son de la pareja (sea novio, esposo o lo que sea) de la madre. El ser humano puede ser un animal monógamo…. Pero sólo hasta cierto punto. Y esa es la razón de los celos: el adulterio.

La igualdad sexual es una falacia
Debido a que el hombre solo aporta un pequeño esfuerzo en el proceso reproductivo y no debe preocuparse más que por copular con la mujer para hacer un hijo, su instinto le dice que puede (y hasta cierto punto debe) buscar otras opciones para dejar su herencia en la alberca genética de la especie y así tenga más posibilidades de que sus genes perduren. Es por esto que, si lo analizan, el hombre no se pone mucho “sus moños” a la hora de ser infiel.

Debido a que la mujer necesita gestar en su vientre y criar al hijo por mucho tiempo y en consecuencia esforzarse mucho más que el hombre, es más selectiva en su elección de pareja sexual. Sin embargo, esa misma necesidad de seleccionar muchas veces hace que la mujer busque en otros hombres lo que su pareja no tiene, o lo que debió dejar por obtener algo que le convenía más para criar a sus hijos. Y normalmente es por eso que elije “engañar” a su pareja con alguien más “guapo”.

Y lo que falta
Y ahí le paramos porque este tema tiene demasiada tela de donde cortar. Sus comentarios dirán si le seguimos. Chance y luego entramos en el polémico tema de quién pierde o gana más de ser infiel… y por qué la infidelidad de la mujer es más castigada que la del hombre.

Así que ahora ya tiene una explicación evolutiva sencilla de porqué los celos son consecuencia de la necesidad instintiva del leve adulterio en la especie humana. Y digo leve porque, si se ponen a ver el National Geographic verán que como especie monógama el humano es muy raro entre el resto de los animales.

El ácido fólico

In: Biología

12 Jul 2010

Desde ya hace algún tiempo a la fecha  escuchamos y vemos en diferentes medios sobre el famoso ácido fólico. Especialmente escuchamos sobre él algo que tiene que ver con las mujeres embarazadas. Y, a pesar de que precisamente al respecto ya me habían cuestionado algunas personas, esta vez escribo sobre el tema gracias a que una plática reciente me ayudó a encontrar un enfoque, para hacerlo interesante. Qué importantes son las personas que nos hacen pensar, no cabe duda.

Nada del otro mundo
Para comenzar, el acido fólico no es nada del otro mundo, como le puede sonar a muchos por su nombre. Aunque incluso pueda parecer una sustancia dañina por como nos suena la palabra ácido, éste compuesto no es más que un miembro del ya conocido Complejo B, es decir, una de las varias sustancias conocidas simplemente como Vitaminas B.

El acido fólico (o folato) también se conoce con el nombre de Vitamina B9. Al igual que el resto de las Vitaminas B, el acido fólico es esencial para muchas funciones celulares y del organismo que tienen que ver con el metabolismo y el desarrollo del organismo. Sin embargo, el folato es especial en un aspecto muy importante y que está directamente relacionado con las mujeres embarazadas. Y de ahí su importancia desde hace algún tiempo.

La importancia del Acido Fólico
Estudios relativamente recientes han concluido y demostrado que el ácido fólico juega un papel esencial en el desarrollo celular de los primeros meses e incluso semanas del embarazo humano. Por eso es que se publica tanto la recomendación de que especialmente las mujeres embarazadas deban consumirlo durante el periodo de gestación. Pero existe un detalle que no todos saben y que los mismos doctores no explican. Pero para quienes no les gusta tomar recomendaciones sin explicaciones, para eso existe este blog.

Resulta que, debido a que el ácido fólico es primordialmente esencial (funciona como una especie de catalizador) en la estructuración del ADN a nivel molecular (es decir, la formación no solo celular sino a nivel de la formación de la molécula de ADN misma), este compuesto es necesario en suficiente concentración durante los primeros días del desarrollo del embrión, cuando se forman las primeras células del embrión que se desarrollará para formar al bebe.

Y precisamente aquí está el problema que intenta solucionar la promoción del consumo de ácido fólico. Como la mayoría de las mujeres embarazadas no lo saben sino hasta varias semanas después de la concepción, el embrión corre el riesgo de no obtener el suficiente ácido fólico para un óptimo desarrollo de las primeras células embrionarias.

El resultado de una deficiencia de folato puede llevar a muchos embriones a gestarse con problemas de la columna vertebral y del cerebro, ya que son de los primeros y más importantes órganos en formarse en las etapas tempranas del desarrollo del feto. Las principales malformaciones resultantes de una deficiencia del ácido fólico son la espina bífida y la anencefalia, discapacidades que en la mayoría de los casos son problemáticas, si no es que mortales para el niño tanto antes como después de nacer.

Casi en todos lados
Ahora bien, el ácido fólico se  puede obtener de una gran variedad de fuentes alimenticias, de manera que es muy difícil que alguien desarrolle deficiencia de folato (y de ahí que nunca antes habíamos escuchado tanto sobre ese famoso ácido).

Por solo mencionar algunos, las legumbres (garbanzos, lentejas, etc.) y los vegetales de hoja verde como la espinaca, escarola, guisantes, alubias secas, cereales fortificados, frutos secos, semillas de girasol son fuentes ricas en ácido fólico. Sin embargo, la importancia de conseguirlo en suplementos se da a conocer hasta que, en las últimas décadas del siglo pasado, se comprueba con estudios científicos el lazo directo entre el ácido fólico y el desarrollo del embrión humano.

Así, se estableció que la cantidad que normalmente se obtiene de la dieta, no es suficiente para eliminar la posibilidad de que el embrión no se desarrolle con los problemas citados anteriormente. De esta forma, agregando ácido fólico extra a la dieta de una mujer en edad reproductiva (es decir, antes de embarazarse), se disminuyen significativamente las posibilidades de que cuando se embarace, el bebé desarrolle algún problema por deficiencia de ácido fólico en la etapa embrionaria.

¿Cuanto ácido Fólico?
Según dichos estudios, aunque un hombre de las de 19 años solo requiera 400 microgramos de ácido fólico, una mujer que planea embarazarse (o simplemente que  ya está en edad reproductiva y sexualmente activa) debe consumir al menos 600 microgramos de la vitamina. Y ese mismo consumo debe seguir durante todo el periodo de gestación. Bajando solamente 100 microgramos (o sea quedando en 500) en la etapa de lactancia.

Así que ya saben ahora exactamente (bueno, no tan exactamente ya que no mencioné los detalles moleculares de la absorción del folato en el organismo) por qué escuchamos tanto de un tiempo a la fecha sobre la Vitamina B9 mejor conocida como ácido fólico.

Sobre el blog

El Raptor Blog es el blog oficial de Nelson Razo, un diseñador gráfico experto en desarrollo web que en sus ratos libres se interesa en cómo funcionan los humanos en particular y el universo en general. Y publica lo que aprende en este sitio.

Tweeter Feed

  • admin: Pues sigue leyendo este blog, y podras encontrar el por qué no solo de la relación entre el Diseñ [...]
  • admin: Sunshine, tu lo has dicho: "quien escribe este articulo es una persona que se basa en la razón". Lo [...]
  • Sunshine: Yo creo que la persona que escribe este artículo es una persona que se basa en la razon y tambien q [...]
  • dani: mmm que bacan!! sabe soy estudiante de diseño grafico y a la vez estudio psicologia y creo que en a [...]
  • El Principio Precautorio - Raptor Blog: [...] he escrito en posts anteriores sobre el famoso “Cambio Climático”, pero esta vez [...]